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por Lilliana Ramos Collado

(In)somnio es una narración impecable sobre las heridas que causa la represión, una joya del lenguaje, una novela que dejará a l@s lect@res en un estado alterado de conciencia al catar el terror implícito en la violencia de género que aquí se explora con gran destreza y audacia.

El relato de terror siempre es el mismo: un sujeto que duda de su memoria, de su propia persona y del mundo; un pasado siniestro que regresa; una pérdida irremediable; el oscuro encierro solitario; la tinta nunca suficientemente derramada.

La tentación de la “novela gótica” es ésta: poner al protagonista a relatar su propia historia, y así, proponer su conciencia como lugar de la duda, la desolación y el terror. Lo gótico propone una pregunta clave: lo que se cuenta, ¿pertenece al mundo real, o está en la mente del narrador? El narrador, ¿está cuerdo o está loco? En nuestra cultura misógina, la mujer suele protagonizar la novela de terror. En lo gótico hay más locas que locos.

Ana María Fuster Lavín, (In)somnio. San Juan/Santo Domingo: Isla Negra Editores (2012).

Ana María Fuster Lavín, (In)somnio. San Juan/Santo Domingo: Isla Negra Editores (2012).

Para Anne Williams, en Art of Darkness, hay dos tipos de novela gótica: la masculina —casa patriarcal, expresión verbal, cuestionamiento de la cultura y las alianzas de clase y género—,  y la femenina —la madre, la habitación cerrada, la escritura, lo inconsciente, la naturaleza y la sexualidad. Al hablar, el hombre gótico implica que hay otro que le escucha. Al escribir, la mujer gótica implica soledad: escribe para nadie. La escritora de mil caras de (In)somnio busca poner en papel —para nadie— sus experiencias alucinantes en un mundo cruel.

Desde Anne Radcliffe, pasando por Mary Shelley y las hermanas Brönte, hasta llegar a Anne Rice, y más cerca de nosotros, Violeta López Suria (Obsesión de Heliotropo) , Rosario Ferré (Papeles de Pandora) y Yolanda Arroyo Pizarro (Ojos de luna), la escritora explora la lucha de la mujer contra la cultura patriarcal. Esta es la estirpe de Fuster Lavín: las mujeres que dan voz a la loca encerrada en el desván al colocarla en el centro de nuestros desvelos.

Fuster Lavín despliega sus poderes: un lenguaje hermoso, un tesoro de alusiones literarias y cinematográficas, y una cuidadosa anatomía de la oprimida psiquis femenina. Las mujeres que narran (In)somnio son otras tantas caras de la escritora, y sugiero que esta novela fragmentaria es una ficticia “autobiografía literaria”. La escritora, encerrada en la estrecha habitación de un manicomio que es el mundo mismo, trata de explicarnos, entre otras cosas, el origen de su escritura.

Recurriendo a la ficción psiquiátrica de la “disociación” —la psiquis se desdobla en varios personajes—, nos topamos con una mujer dividida en dos. Soledad/Ana son dos caras de la crueldad: la mojigata comedora de hombres / la escritora. De ellas dos va surgiendo un elenco de variantes de mujer que nos ayudan a comprender cómo, debido a una violencia ancestral —la de un abuelo, abusivo, probablemente un violador—, viene un deseo irreprimible de vengar el daño mediante la violencia contra el mundo o de comprenderlo mediante la escritura.

Soledad se alimenta de sangre, y Ana se “suicida” arrojándose por una ventana. Soledad se margina en la noche, en lo siniestro, en el gozo de una sexualidad asesina. Como Melibea (La Celestina), Thelma y Louise (del filme homónimo) e incluso Zhang Ziyi (la joven guerrera en el filme Crouching Tiger, Hidden Dragon), Ana se lanza al anonimato de una muerte  que declara su falta de lugar en el mundo. Pero, en su caso, no a la muerte literal, sino a la soledad de la escritura. La novela es circular: la escritora comienza su relato en una casa de locos, y al final nos enteramos de que fue un hombre quien la encerró allí.

Algunas de las mujeres de (In)somnio son asesinas, otras son víctimas, hay escritoras, mentalistas, cineastas. Unas a otras se quitan los hombres, las casas, los bienes. Las minuciosas descripciones de una sexualidad desatada son alucinantes, dolorosas. La violencia mayor es entre ellas, todas atrapadas en una trama asfixiante, sin poder vengarse satisfactoriamente de haber sido encerradas en el margen del crimen, la intemperancia y la escritura.

(In)somnio es una narración impecable sobre las heridas que causa la represión, una joya del lenguaje, una novela que dejará a l@s lect@res en un estado alterado de conciencia al catar el terror implícito en la violencia de género que aquí se explora con gran destreza y audacia.

[Publicada originalmente en el Suplemento ¡Ea! de El Nuevo Día el 5 de mayo de 2013]

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