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por Lilliana Ramos Collado

Tres mujeres se empeñan en decirnos el cómo y el por qué de un dolor que siempre nos es ajeno, pero siempre haciéndolo ajeno para que llegue más cerca de nosotr@s.

Es una verdad palmaria que lo que nos obliga a pensar en nuestro cuerpo es su catástrofe, ese momento en que el cuerpo llama la atención sobre sí. Es el dolor la causa más frecuente de esa atención inusitada sobre el cuerpo: el dolor moral que se somatiza en los nervios, y el dolor de la enfermedad que simplemente nos detiene y nos alerta sobre su existencia. Si antes nos ocupamos de su belleza ante el espejo, ahora nos aterra su fealdad, la mueca del dolor, la pérdida de la movilidad grácil, los rituales de la higiene, la ciencia del cuerpo, tan fría, tan impersonal, tan “inhumana”. Ante la enfermedad, nos rebelamos contra el cuerpo, vuelto ahora enemigo, y consolamos el alma asustada de perder su asidero con el mundo.

Tres mujeres me han hecho regresar al espejo y pensar en el cuerpo: Heidi Figueroa Sarriera, Carmen Rita Rabell y María Cristina Moreno. Cada una de ellas registra, en textos casi alucinantes, el regreso a la materialidad de su cuerpo, cada una ponderando el tránsito entre la vida y la muerte mientras se palpa como cosa, ajena y misteriosa. Comparten la experiencia límite del cáncer, el tránsito amargo y doloroso de su tratamiento, y el duro trabajo que representa la recuperación, así como esa espada de Damocles que queda colgando sobre ellas, recordándoles que la eternidad es imposible.

INFUSIONES/INFUSIONS. Estampas itinerantes de mi tratamiento de cáncer. Itinerant Portraits of My Cancer Treatment. Heidi Figueroa Sarriera. Blurb (2011).

En su libro bilingüe Infusiones/Infusions (2011) Figueroa Sarriera reflexiona detenidamente sobre el cuerpo en tratamiento, su aventura en la sala de “infusiones” donde se aplica la quimioterapia. Desde el principio nos habla la autora de la transformación de su cuerpo, y de su nueva y aguda atención sobre él. Lo que primero impacta a la autora es que, ante su cuerpo, se ha quedado “sin palabras”. El reto de Figueroa Sarriera ha sido, desde el principio, retar el lenguaje, empujarlo hacia el cuerpo, obligarlo a decir aquello de lo que no se habla. Fueron las “infusiones” las que le hicieron pensar en “ ‘eso’ que sostiene el cuerpo, tanto en singular como en plural, entrelazado con discursos, apañado por otros cuerpos dolidos, sublimes, sublimados que acompañan el paso itinerante en la vida y la supervivencia.”

Infusiones/Infusions contiene una serie de fotos de la propia autora que ayudan a hilvanar los temas y a puntualizar la reflexión acerca de nuestra esencial animalidad, la realidad y la ficción del dolor, el derecho a la boca, es decir, a palabra y al apalabramiento, la transformación de la identidad al quedar “descabellada”, las nuevas intuiciones sobre la armadura del cuerpo, su “esqueleto”, la conciencia profunda del cyborg que es todo cuerpo como cuerpo, y el tacto necesario para manejar el mundo y para ser manejado por el mundo. Si “la calvicie nos acerca más a la sinrazón… a la desestabilización de las certezas acostumbradas”, son sus dedos, su tacto, lo que le ha permitido el regreso a la materialidad del mundo.

CrónicasMatarCáncer

CRONICAS ARA MATAR EL CANCER. Carmen Rabell. Río Piedras: La Secta de los Perros (2012).

Crónicas para matar el cáncer (2012) de Rabell, va por otro lado: se trata de una bitácora prolija de la experiencia de la enfermedad desde el día uno, narrada en real time. Como la crónica se fija en el presente, asistimos al desarrollo de una subjetividad que se enfrenta a su propia carne, a la invasividad de los tratamientos, al desconcierto de un desamparo intelectual que la obliga a mirarse desde afuera, como otra de la que es. Las intuiciones de Rabell van reconfigurando su relación consigo misma, con la materia del mundo, con sus otros —familiares y amigos— pues la enfermedad, que crea un alto grado de “desfamiliarización”, entorpece la percepción del entorno. Estando su cáncer localizado en el cerebro, la autora pondera las ironías múltiples de la relación enfermedad-inteligencia, percepción-realidad, dolor-materia.

A la crónica, Rabell añade cartas a amigos, familiares y estudiantes. Se va forzando, como hiciera Figueroa Sarriera, a apalabrar el proceso y convertirlo en una narración puntual, fragmentada en lo diario, que no siempre puede anticipar el resultado. Nosotros, los lectores atentos, la seguimos en este viaje narrativo lleno de suspenso, conociendo, a fin de cuentas, el final feliz expresado en el hecho de que, en la manos, tenemos el libro resultado de esta ardua travesía por el dolor y la otredad del propio yo. Me ha dado trabajo detectar pasajes favoritos aquí, pues el libro entero es un magma que no permite saltar ninguna página, pues tal es la riqueza expresiva, la intuición sagaz aunque atribulada, y la precisión en cada una de las situaciones expresadas.

TE CUENTO QUE… María Cristina Moreno. San Juan: El Nuevo Día (9/9/2012; 12/5/2013).

María Cristina Moreno, en sus cartas editoriales del 9 de septiembre de 2012 y del 12 de mayo de este año en El Nuevo Día, “nos cuenta que” su careo con el cáncer —trabajado desde la memoria— la incitó a una profunda reflexión sobre ella misma, sobre su lugar en el mundo y sobre una materialidad que la obligó a detenerse, por un lado, para proponerse una nueva ruta y, a la vez, para rendir homenaje a sus pasados modelos de conducta, sobre todo a su madre. Volver a la madre es, para Moreno, recuperar un tracto vivencial, dar nuevos bríos a una genealogía situada plenamente en el cuerpo. Para ella, la reflexión a sido clave, como si la introspección la llevara a lo que es más básico en nosotras las mujeres, en un mundo en el cual todavía batallamos por un espacio propio. Como en el caso de Figueroa Sarriera, el producto inmediato del reencuentro con el cuerpo femenino propio es, para Moreno, ocasión de una mirada retrospectiva hacia aspectos claves de una identidad diseminada por el cuerpo: ambas Moreno y Figueroa Sarriera, “descabelladas”, ambas buscando ese tacto que nos es propio en la cultura, ambas expandiendo su esfera hacia los amigos y abriéndose a los afectos para realimentar sus pasiones.

Tres mujeres nos hablan desde el límite del lenguaje. Las tres nos proponen su relato como ejemplo de un decir esencial. Para cada una de ellas, este decir es ya un triunfo sobre la fragmentación y la disolvencia que implica toda enfermedad, sobre todo aquellas que pueden traernos el final, el desmadejamiento eterno. Unas reflexionan mientras padecen, otras puntualizan la vivencia diaria como Sherezada, en las 1001 Noches, se agarraba a la vida haciendo el cuento. Las tres, empecinadas en decirnos el cómo y el porqué de un dolor que siempre nos es ajeno, pues es el dolor de otro. Pero siempre haciéndolo ajeno para que llegue más cerca de nosotr@s, sus lector@s.

[Esta reseña fue publicada originalmente en el Suplemento ¡Ea! de El Nuevo Día el 18 de agosto de 2013.]

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