Preludio a un beso

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¿Dónde caerá ese beso tan urgente que  devolverá la humanidad al edificio y a nosotros? En la superficie interior o exterior, contesta Lavin, pues es lugar donde la arquitectura está a punto de ser otra cosa, donde es más vulnerable y susceptible a expresar su verdadero potencial.

Lilliana Ramos Collado

En su libro On Kissing, Tickling, and Being Bored (1993), Adam Phillips afirma que un beso condensa la vida personal y el carácter del que besa, y le permite regresar al niño que fue, aquel que siempre estaba curioso por saber a qué sabían las bocas de los demás. Pero besar implica domesticar, controlar el deseo de comerse al otro que uno besa. Porque necesitamos al otro: para besarse hacen falta dos.

Desde niños, nuestras vidas revolotean en torno a nuestros deseos, y siempre me ha extrañado que, siendo la arquitectura omnipresente en nuestras vidas, hablemos de estar apegados al terruño y no a la casa que habitamos. En nuestro presente ruidoso, hacinado y, en general hostil, estamos perdiendo la capacidad afectiva de dejarnos envolver —y hasta besar— por los lugares que nos cobijan.

Sylvia Lavin. Kissing Architecture. Princeton: Princeton University Press (2011).

Sylvia Lavin. Kissing Architecture. Princeton: Princeton University Press (2011).

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Jean-Michel Basquiat: Tomas de la palabra y de la imagen

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Genio audaz, incomprendido, y espontáneo, entregado a episodios de soledad y aislamiento, irritable e impredecible, Basquiat se une a una larguísima tradición de artistas jóvenes que se distinguieron por sus obras incisivas, inéditas y retantes, que no se avergonzaban de salir al mundo desaliñadas, medio incompletas, con la pintura aún sin secar.

Lilliana Ramos Collado

 

Puesta en situación de Jean-Michel Basquiat

Jean-Michel Basquiat es uno de los mejores representantes del arte a finales del siglo XX en las grandes capitales mundiales, especialmente en Nueva York, su ciudad de residencia. Su tiempo —la década de 1980— fue testigo de la abrupta y delirante transformación del mundo del arte en un mercado incierto e inmisericorde que procesaba a gran velocidad el talento de los más jóvenes como promesa de valor de cambio, y que convertía la fama de los más viejos en un bien de consumo arqueológico en tanto “objeto antiguo” de prestigiosa posesión. Dividido entre promover la certidumbre de su diferencia y adherirse conscientemente a un ramillete de tradiciones beneméritas, Basquiat cortejó la rentabilidad de la fama y asumió tradiciones que apenas hoy comienzan a estudiarse en su compleja y apretada obra. Habiendo dado un salto espectacular desde el espacio anónimo del graffiti urbano hasta las galerías y los museos más respetados en las principales capitales del arte mundial, su estrella se consumió poco después: Basquiat perdió la vida a destiempo, con apenas 27 años de edad y debido a una sobredosis de drogas. Dejó tras sí una producción enorme y variada, de calidad sostenida, sorprendente. Pero la vertiginosa rapidez de su desarrollo como artista nos indica que Basquiat abandonó este mundo mucho antes de alcanzar su primera madurez.

No hay duda de que puede hablarse de un mito de Basquiat, que conjuga en incómoda síntesis el impulso bifronte de fama y dinero que le exigía a este artista salirse de sí, abandonar su timidez casi patológica, y exhibir un igualmente patológico delirio de grandeza. Mostrando una insaciable sed de vivir paralela a la insistente recurrencia de impulsos disociadores como el uso de drogas, su biografía registra la prisa de la experiencia apurada hasta las heces. Su fama súbita y extrema, y su muerte precoz y a destiempo, dan contorno a la figura del héroe joven, de tan antigua estirpe narrativa. Genio audaz, incomprendido, y espontáneo, entregado a episodios de soledad y aislamiento, irritable e impredecible, Basquiat se une a una larguísima tradición de artistas jóvenes que se distinguieron por sus obras incisivas, inéditas y retantes, que no se avergonzaban de salir al mundo desaliñadas, medio incompletas, con la pintura aún sin secar. Como muchos jóvenes artistas en la historia de Occidente que apresuraron su vida y se lanzaron a la aventura y a la consecuente desventura, Basquiat asumió la suya como un riesgo y dejó atrás una estela fulgurante de obras cuya interpretación está por verse. Sigue leyendo

Pequeña antología del paisaje: algunas citas breves y famosas

J. M. W. Turner, “Buttermere Lake, Cumberland, a shower” (1798)

Lilliana Ramos Collado

Preparé esta modesta antología de citas para dar cuenta de la enorme diversidad de ideas sobre lo que un paisaje es. Entre la armonía y la incompatibilidad, entre la reflexión filosófica y la experiencia material, entre la candidez y la gravedad, entre el sueño y la realidad, estos escritores/artistas nos hablan desde su modo de ver y de pensar esa masa natural que nos rodea y a la cual no dedicamos suficiente tiempo y reflexión.

El paisaje es una biografía

“El paisaje se convierte en un medio para narrar historias de uno y de los demás. Son historias fáciles de decir porque narrar la historia personal a través del paisaje es una forma usual de hablar del pasado propio. De todos modos, estas historias ayudan a definir nuestros hábitos en cuanto a pensar la naturaleza como global y trascendente, y porque han ido de aquí para allá. El paisaje está atado a la memoria.” — Anne Lowenhaupt Tsing, Friction. An Ethnography of Global Connection

El paisaje es una naturaleza natural

“Un paisaje es una naturaleza primigenia, un mundo inmediado antes de que los seres humanos lo invadieran, alteraran y aumentaran, un mundo sin carreteras, puertos, trillos, viñedos aterrazados…” — Cicerón, Acerca de la naturaleza de los dioses Sigue leyendo

La Casa Ausente, o La promesa de la intemperie

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Con su Casa Ausente, Fernando Abruña trabaja la casa como experiencia del límite.

Fernando Abruña. Casa Ausente. En el

Fernando Abruña. Casa Ausente. En el “Patio del Sol y las Estrellas”.

Lilliana Ramos Collado

Incluso en nuestro tiempo —que divide su afán entre estructuras efímeras y estructuras patrimoniales—, la arquitectura es una apuesta que se despliega en el tiempo. Como bien advierte Paul Virilio en su bello ensayo La inseguridad del territorio (1993), “la función de un espacio, en arquitectura, no es más que una asignación momentánea… Frente al proceso [funcionalista] de supresión de lo aleatorio y de lo indeterminado, se impone el análisis de las transgresiones del uso.” Los desarrollos teóricos del arquitecto puertorriqueño Fernando Abruña son precisamente ejercicios de transgresión del uso, de la habitabilidad y del concepto de edificación propiamente.

Producto de un pensamiento ecologista, en su práctica de diseño Abruña se ha concentrado en el replanteamiento de nuestras relaciones con el entorno “natural” proponiendo edificios que, al volverse parte de los procesos de ese entorno, devienen “ausentes”. La Casa Ausente (Toa Baja, Puerto Rico), proyecto emblemático de su quehacer, es a la vez efímera en su funcionalidad e imposible de patrimonializar. Paradójica, es pura posibilidad hecha materia, un juego a vivir al descampado. Sigue leyendo

Archipiélagos

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Cindy Jiménez Vera, Islandia. San Juan: Editorial EDP University (2015).

Lilliana Ramos Collado

Un día, el pasado mes de enero, partimos Cindy, Gaddiel, Chago y yo hacia Ponce con el firme propósito de visitar el augusto museo de esta augusta ciudad del sur. Me tocaría a mí servir de guía, trazar vínculos en esta heteróclita colección de hallazgos, pues un museo no es otra cosa que un archipiélago de obras esencialmente inconexas, ordenadas por la imaginación humana. La colgada de obras nunca es casual o accidental, sino una narración inventada por un curador, sazonada con anécdotas de la historia del arte. Caminamos por las salas del museo con pasión, fijándonos en las anécdotas, en los matices del rosado, en las expresiones faciales de los personajes, en el drama –ciertamente complejo– del arte.

Había una trama subyacente, un detalle en el viaje, que matizó esta visita feliz. En nuestra parada justo antes de llegar al museo, nos detuvimos para pedir direcciones pues nos habíamos perdido, y en esa parada Cindy me mostró, en la pantalla de su celular, uno de los mejores poemas de César Vallejo, el núm. 65, del poemario Trilce, que le dedicaba a su madre ya muerta, y a quien llamaba “muerta inmortal”. Cindy pautaba así la trama de este viaje, pues antes de salir hacia Ponce me había regalado su Islandia, cuyo contenido yo aún desconocía. El nuestro fue un viaje hacia el pasado, hacia el mundo funerario que aún ostenta el espejismo de la vida transmutada en arte. Lo entendí cuando regresé a casa y leí Islandia de un tirón. Habíamos pasado el día celebrando vidas en fuga y conservadas en la hermosa superficie de obras de tantos artistas excelentes. Pasada la media noche de ese día singular pensé que Islandia es una hermosa urna de cristal que encierra en su transparencia la eterna cadencia de los regresos y las fugas de seres amados. Sigue leyendo

Fugas identitarias: Arte diaspórico de los Caribes Globales

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Jean-François Boclé, “Tú me copiarás” (2010). (Foto Antonio Ramírez Aponte, MAC).

Lilliana Ramos Collado

Lo que distingue la obra o la acción de arte es el gesto deliberado en su factura, gesto que convoca, bajo el tupido manto de la intención, las oquedades que se fraguan entre la conciencia y sus lagunas. Memoria y desmemoria, afirmación y duda orlan cada obra, y así la intención en que se constituye siempre atesora la larva de lo que se piensa en rigor, de lo que, aunque se dice, no se sabe con certeza. Así es que la intención no está reñida con el uso de elementos, temas, aspectos y proyectos que muchos llaman “inconscientes” y que yo llamaría simplemente, “aún no domesticados”, tentativos. Ahí yace el riesgo del arte, en que la intención no puede sofocar la tentación impulsiva de decir demasiado más de lo que se quiere decir. Cada obra dice y a la vez delata, toda obra luce y también trasluce. No hay obra que no sea un exceso.

Entre los excesos del arte está siempre exceder la norma del arte, lo que ya hemos designado “arte”. La iconoclasia, la rebelión, el titubeo y la extrañeza son, con demasiada frecuencia, vehículos que propician el desconcierto, y que enfrentan al espectador con signos huérfanos de código, o con códigos que aún aguardan por su lenguaje. Y es esto lo que define, sobre todo, el arte occidental creado a partir de las vanguardias históricas: la rebelión, la perplejidad, la suspicacia ante un lenguaje trillado, el rechazo de lo mismo. Y esto mediante técnicas diversas que van desde el manejo de materiales no tradicionales, hasta modos de factura, de composición y de énfasis dirigidos explícitamente a poner el arte mismo en perpetua crisis. Incluso el gesto de la apropiación, mediante el cual se citan otras obras de arte u otros estilos ya periclitados, es un gesto pervertidor que busca precisamente cuestionar la inteligibilidad del arte del pasado, o que trae ante nosotros aspectos no tradicionales de las obras tradicionales. Sigue leyendo