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Dibujo por Hans Bellmer.

Dibujo por Hans Bellmer.

por Lilliana Ramos Collado


“Noé la eligió, y no burló las esperanzas

que puso en ella, porque le trajo buenas nuevas.
Yo también le confiaré las cartas que te escriba.
Mira, pues: ¡las cartas van en las plumas de un ave!”
—Ibn Hazm de Córdoba, El collar de la paloma

Esos poetas españoles del siglo XVIII eran bastante kinky, casi porno, pero fueron salvos de la censura gracias a la alegoría y a la metáfora. Su público: chichisbeos dedicados a juegos eróticos de salón, o quizás a niñ@s ya despabilad@s. Asomémonos por un instante a unas chispeantes anacreónticas de Juan Meléndez Valdés… y acompaño mis comentarios con ilustraciones, me parece que muy apropiadas, del artista surrealista “alemán” Hans Bellmer, si bien estoy totalmente segura de que Bellmer jamás leyó al poeta español.

Bellmer 3

Dibujo de Hans Bellmer.

La paloma de Filis es un ciclo anacreóntico publicado por Meléndez Valdés entre 1785 y 1820. Compuesto por 32 odas, el ciclo de Filis se refiere ostensiblemente a un solo asunto: la paloma con la que juega Filis, la amada del poeta. Los pocos críticos a mano desprecian este ciclo como monótono, frívolo, producto de la juventud de Meléndez Valdés, y apenas señalan las fuentes: los dos poemas de Catulo dedicados al gorrión de Lesbia, su amante, y las varias anacreónticas de Esteban de Villegas que, siendo cuidadas paráfrasis de clásicos antiguos, retoman el motivo del avecilla como mediadora entre los amantes.

Las “odas anacreónticas” de Meléndez se caracterizan por la temática de urgencia amorosa, la lascivia lúdica y liviana, el laudo a la fiesta y al disfrute de los sentidos, el elogio a la naturaleza y al amor natural, el tema del carpe diem predicado en los también clásicos tópicos de la brevedad de la vida y la fugacidad e inexorabilidad del tiempo. Pero Meléndez se fija en un detalle de la paloma amorosa que Catulo no elabora, pero sí Villegas: la paloma mensajera, medianera, que crea lo que me parece una “bien lograda cadena”, como Meléndez mismo le llama en la Oda VI:

¿Qué es esto? ¿Tocar puede
Tu boca peregrina
Mi pico? ¡oh bien lograda
Cadena! ¡oh dulce vida!

Bellmer 1

Dibujo de Hans Bellmer.

La naturaleza medianera de la paloma de Filis es la clave para acercarse al ciclo completo. Desde el comienzo, la paloma presenta la ambigüedad que asume su estar colocada en constante tránsito entre los amantes. La paloma sobrevuela el cuerpo de Filis como si fuera un prado florido, picotea su cuerpo como si libara su secretos, sus secreciones, sus deseos, y los trae al cuerpo del amante. De viaje hacia el poeta, la paloma es metonimia de Filis, de sus labios, de su saliva, de sus exudaciones lascivas. De regreso hacia Filis, lleva del amante la congoja, los requiebros, la irritación de una sed que no se apaga, sino que se enciende más al contacto con la paloma. El erotismo mediado de la paloma se acrecienta precisamente porque la medianía se torna androginia, equívoco: las suaves plumas, el seno de Filis, y el pico que hiere, la virilidad del poeta:

    Teniendo su paloma
Mi Fili sobre el halda,
Miré a ver si sus pechos
En el candor la igualan:

    Y como están las rosas
con su nieve mezcladas,
El lampo de las plumas
Al del seno aventajan. (Oda V)

Graciosa palomita,
Pues que licencia tienes
De picar a mi Filis
Festiva y blandamente,
¡Ay! pícale en buen hora
Las perlas de sus dientes,
De su boca la rosa,
De su cuello la nieve,
Y en el seno la picas;
Mas al picar advierte
que allí donde se queja,
Que más la piques quiere. (Oda XXVII)

Dibujo de Hans Bellmer.

Dibujo de Hans Bellmer.

Al penetrar en el nido que es el regazo de Filis, la paloma representa al hombre. Al venir a posarse en el brazo o el hombro del poeta, la paloma es Filis, posada sobre una erecta virilidad. Tenemos, pues, medianería, mensajería, androginia, evanescencia de la identidad, la disolución del yo que menciona Georges Bataille cuando advierte que el erotismo implica una puesta al desnudo para abolir la diferencia, la personalidad redonda y afirmada. Es así que Bellmer construye también sus dibujos de personajes andróginos, indecidibles. Claro, en la poesía galante de Meléndez Valdés, que por situaciones de público no podía traspasar los umbrales del gusto y el recato para seguir los textos eróticos más revolucionarios de Rousseau y el Marqués de Sade, es la palomita ese lugar de destape, el instrumento de la abolición del yo, el vaso donde se mezclan los jugos de ambos cuerpos: del poeta y de Filis. Ese collar de “mil cambiantes vistosos” es en sí la cadena lograda. La paloma misma encierra, como una especie de love processor, el ciclo completo de la comunicación entre los amantes.

¡Vaya palomita!

[1995]