John Torres: “escribir es un contrato con la muerte…”

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Crimen y cadalso 2

por Lilliana Ramos Collado

Tanta cultura me viene a la memoria leyendo Undead, la última e impecable entrega poética de John Torres. He reflexionado mucho sobre su denso barroquismo para asediar la mortal relación entre la palabra y la cosa, entre eterizar el mundo mediante el poema y, simplemente, vivirlo en sus escorias.

Aquí pulula el hit parade pop de la muerte en nuestra cultura, comenzando y terminando con zombies y vampiros y su fan club universal, sus fatídicas B-movies, incluso el Lestat de la adorable Anne Rice… Pero no ha sido eso lo que me ha llamado la atención, ni lo que provoca mi lectura en el más allá de los “ratings”. Me interesa más el mito que mueve a Torres —y a tantos otros— de coquetear con la escritura como muerte del escritor, y con ese más allá tópico que surca, de rabo a cabo, el ultramundo en Occidente. Sigue leyendo

In memoriam Catherine Matos Olivo: Hacia el cuerpo inmaculado

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Matos convoca el imaginario de una cura dolorosa, desconcertante, presentándonos las materias en su imagen.

Galactic Vision. Catherine Díaz Olivo. San Juan: Colección Maravilla (diciembre 2011).

Galactic Vision. The Sketchbook Project of my Cancer Year. Catherine Díaz Olivo. San Juan: Colección Maravilla (diciembre 2011).

 por Lilliana Ramos Collado

Sobrevivir la enfermedad es lo que narra Galactic Vision, tomo alucinante de la artista puertorriqueña Catherine Matos Olivo. Páginas y páginas llenas de manchas, fotografías manipuladas, dibujos digitales, mapas, bocetos, espacios en blanco o en negro conforman un album/diario que recoge la experiencia de su tratamiento contra el cáncer. Matos convoca el imaginario de una cura dolorosa, desconcertante, presentándonos las materias en su imagen.

Con ensayos introductorios de Mercedes Trelles, Valerie Pintado Hernández y Brenda Torres Figueroa, el proceso de representar visualmente la visceralidad del cáncer es asediado desde la crítica de arte, la psicología, y la performatividad del cuerpo enfermo y su huella artística. Sigue leyendo

Joserramón Melendes, Ché, en su homenaje

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che2

por Lilliana Ramos Collado

En la otorgación de Premios del PEN Club
San Juan, Puerto Rico
17 de marzo de 2002

Hace años, Ché me decía que nuestra generación de poetas, la del ’70, tenía tal cohesión, que la “tarea” de hacer la poesía podía dividirse entre todos. “Tarea” era —y es— para él una palabra muy grande: hacer la poesía puertorriqueña, hacer la poesía de Puerto Rico, hacer la poesía de nuevo, después de devastada en los años ’60, hacer el quehacer poético. Unos, la poesía social; otros, la lírica; otros, la Otra poesía, la que todavía estaba por hacerse. Para Ché, Aurea María Sotomayor, Vanessa Droz, Ivonne Ochart, Etnairis Rivera, Jorge Morales Santo Domingo y yo, entre varios otros, podíamos hacer de la poesía un trabajo colaborativo, comunal, aunque nunca homogéneo ni consensual, cada uno desde su voz propia, desde su manera.

Su comentario me pareció en aquella ocasión pretencioso, quizás hasta opresivo. Hoy, después de tener en mano tantos libros de mis compañeros y coetáneos, veo aquello como profecía, y comprendo mejor la amplitud de la obra de Ché, calibro mejor su importancia radical, su calidad reveladora. Además de servir de base a uno de los cuerpos poéticos más importantes de nuestras letras, la convicción colaborativa ha hecho de Ché uno de nuestros mejores y más dedicados editores y antólogos, un crítico fundamental, un pensador en cuyo trabajo resuena siempre ese pensamiento que, surgiendo de una feroz individualidad, sirve de resonador de todas nuestras voces.

Labor poética, labor editorial, labor de publicitar la obra literaria puertorriqueña aquí y fuera de la isla, esa ha sido la meta insistente de Ché. Como editor, sentó la pauta de la antología generacional y de la antología de ocasión con dos tomos esenciales:  Poesía oi, antología de la sospecha y Puño de poesía. La primera, con la quizás ambigua humildad de la profecía, exploraba la promesa de una poesía naciente, y apostaba a unas voces en cuyos primeros tanteos veía la cartografía de un nuevo paisaeje literario. El ojo crítico de Ché se vio afirmado por las publicaciones sucesivas que él bien había “sospechado” con modestia sibilina. Con su Puño de poesía propuso una versión actualizada del Aguinaldo puertorriqueño: una colección de poesía de afirmación nacional que permitía trazar la historia de la lucha puertorriqueña por crear una voz poética distintiva al fragor del establecimiento de una identidad nacional. Sigue leyendo

Malentendidos, infidelidades, enigmas: Entre Galdós y Poe

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por Lilliana Ramos Collado

‘If its any point requiring reflection, observed
Dupin’, as he forbore to rekindle the wick, ‘we shall examine it to better purpose in the dark.’
—Edgar Allan Poe, The Purloined Letter

El todo es más ficticio que cada una de sus partes.
—Gérard Genette, Fiction et diction

0. La letra robada

Lo que quizás llame más la atención en La novela en el tranvía (1871) de Benito Pérez Galdós [chequéate aquí para leer esta genial novella: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-novela-en-el-tranvia--0/html/ffc17306-82b1-11df-acc7-002185ce6064_1.html#I_1_] sea la insistencia en el proceso de montar del relato: una trama de fragmentos e historias pescados del magma torrencial de lo “real”. Cada parte de la novella corresponde a un nuevo fragmento que el protagonista une a los pedazos existentes mediante técnicas que va acopiando el arsenal de municiones que Galdós utiliza para desbancar los supuestos de la novela realista “clásica”.

Es ésa la trama principal: de dónde el narrador principal obtiene los materiales que le sirven de materia prima para se relato y cómo un segundo narrador los dispone y organiza para construirlo. La segunda trama es, precisamente, el relato que el narrador supuestamente va creando. El lugar de la composición es un tranvía: con el correr del vehículo se va componiendo el relato de cómo se hace una narración y el relato que la narración narra. Las dos tramas están estrechamente entrelazadas. Ambas narran una infidelidad: una de ellas la de una condesa hallada en falta moral; y la otra la infidelidad del narrador con respecto al realismo de la novela. Sigue leyendo

Poesía prosaica… ¡dámela calle con tostones!

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Por más de un siglo, nuestros proyectos de país se han venido abajo en sucesión vertiginosa dejando escombros confusos, malolientes, y le ha tocado a estos muchachos y muchachas saquear las ruinas indistintas y reinventar la rueda, es decir, la poesía.

por Lilliana Ramos Collado
Fotos de Santurce por Claudia Cornejo Amaya

Los prosaicos dioses de hoy. Poetas puertorriqueños de lo que va de siglo. Melanie Pérez Ortiz, compilación y prólogo. Río Piedras: La Secta de los Perros (2014).

Los prosaicos dioses de hoy. Poetas puertorriqueños de lo que va de siglo. Melanie Pérez Ortiz, compilación y prólogo. Río Piedras: La Secta de los Perros (2014).

Nada más precario que un “tostón”, y quiero decir “problema difícil”, “mal rato”, “tropezón”. Lo superas o te alejas de él mientras canturreas (junto al gran filósofo Rubén Blades al ritmo de Ray Barreto, que puedes escuchar aquí: https://www.youtube.com/watch?v=_wAalCEqr6g), “lo que se fue, se fue”… Y nada más prosaico que un “tostón”, un plátano aporreado, sobre todo si es “calle”.

Y de esa “calle” trata esta compilación impecable que hace Melanie Pérez Ortiz de nuestra poesía más reciente: la calle “prosaica” de nuestros nuevos dioses que se plantan ante el poema como recipiente de esa torrencial “prosa del mundo”, como bien la llamó previsoramente Maurice Merleau-Ponty hace tantos años. La calle es prosa, y cuando invade la poesía, la vuelve pura calle. Sigue leyendo

Tallar el Taller: Javier Román en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico

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El arte es siempre ‘the last frontier’, para parafrasear la famosa frase del Capitán Picard, y lo es, no de las modas artísticas que vienen y van, atropelladamente y no siempre con verdadera novedad, sino de la capacidad humana de interpretar, de replantear, de inventar.

JavierRoman

por Lilliana Ramos Collado

“Si alguien sueña que ha encontrado un tesoro de modestas proporciones, esto significa que sus penas serán menos graves; en cambio, encontrar un tesoro particularmente rico vaticina tristezas, problemas, y, con frecuencia, la muerte, ya que un tesoro no es posible hallarlo sino cavando en la tierra, de la misma forma en que se entierra a los muertos”
—Artemidoro de Daldis, Oneirocritica, Libro II, ¶ 59

Dos momentos auspiciosos han tenido los sueños en Occidente. Hace 18 siglos, Artemidoro de Daldis, un genial mago de feria, dedicó gran parte de su vida a la redacción de su Oneirocrítica, o La interpretación de los sueños. Luego, hace apenas 110 años, Sigmund Freud, ávido lector de Artemidoro, replanteó el antiguo texto griego en su Interpretación de los sueños. La únicas dos diferencias significativas entre estas dos obras son las siguientes: Artemidoro creía que los sueños predecían el futuro, y basó su detallada teoría de los sueños en el análisis de “sueños exitosos”, es decir, los buenos sueños que se habían convertido en realidad. Freud basó su texto en la intuición de que los sueños nos hablan de hitos traumáticos de nuestro pasado, y que su análisis debía alumbrar la solución de un conflicto psíquico de infancia.

Además, Artemidoro entendía que todos los sueños se fundamentan en un deseo de poder, representado por la ganancia y a la moneda. Para Freud, ese poder diseminado en el deseo del sujeto soñante es la libido, el deseo afectivo, igualmente poderoso. Ambos fundamentan el “trabajo del sueño” en la metáfora, es decir, en la necesidad de entender que el sueño se expresa en un lenguaje “figurado” que el intérprete de sueños —el mago de feria, el psicoanalista— debe descifrar, y por eso la importancia de desarrollar la capacidad hermenéutica del intérprete dotándole de herramientas ciertas y precisas, y de buenos ejemplos de análisis.

Traigo a colación estos dos pilares de la interpretación de los sueños precisamente por la forma en que la erótica y la moneda se funden en un enriquecimiento del sentido en La Gran Maiami, o La novia puesta al sol por sus Papitos, gozando, instalación/performance de Javier Román Nieves que forma parte de sus Diagramas maquínicos, obra presentada en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico en su primer Taller Vivo de mayo a junio de 2010, y luego en diversas ocasiones en otras exhibiciones en el MAC, luego de que el artista donara su obra a este museo. La Gran Maiami de Román suspende la diferencia entre moneda y amor en el contexto de una sagaz reinterpretación del Gran Vidrio de Marcel Duchamp. Sigue leyendo

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