Melodía de arrabal

Etiquetas

, , ,

Una serie de gouaches pintados sobre periódico, con frecuentes pegadizos fotográficos, pormenoriza la gesta del vaciamiento de la ciudad en contrapunto con las promesas de buena vida y prosperidad que exhiben, en sus ensayos sobre “estilos de vida”, los periódicos sobre los cuales el artista incide con su trazo negro.

José Luis Cortés, "Villa Fontana 3 A Nation at War".

por Lilliana Ramos Collado

barrio malevo
—Alfredo Le Pera y Carlos Gardel

Si, al decir de Henri Lefebvre, todos tenemos “derecho a la ciudad” —ese conglomerado de relaciones diversas en tensión cuya propia inestabilidad crea la ocasión para albergar cada vez mayor diversidad—, lo cierto es que, en la sombría opinión de Paul Virilio, el territorio urbano es esencialmente inseguro: lo propincuo es promesa de contagio, y la despoblación del campo desequilibra aquel “buen gobierno” que Ambrogiolo Lorenzetti tan puntillosamente ilustró en el palacio de gobierno de Siena en el siglo XIV: la ciudad próspera necesitaría de su campo para sostenerse y, así, habría justicia en la repartición de bienes.  En nuestro presente arrabaleado, esa simetría de aportes ha colapsado.

Lo cierto es que esos arrabales se han ido afantasmando. Apiñados y efervescentes hasta hace pocos años debido a la creciente población pobre que acudía a la ciudad a buscar trabajo, hoy se ven despoblados, dilapidados: ruinas contemporáneas que invaden el centro y la periferia de las ciudades puertorriqueñas que, ellas mismas, ya son fantasmas. ¿Por qué el abandono? ¿A dónde se han ido los que antes acudieron a la ciudad en busca de refugio económico?

Estas son las preguntas que se hace José Luis Cortés en su perturbadora exhibición CONCRETO pintado en periódico, en las salas de la Casa Escuté en Carolina. Una serie de gouaches pintados sobre periódico, con frecuentes pegadizos fotográficos, pormenoriza la gesta del vaciamiento de la ciudad en contrapunto con las promesas de buena vida y prosperidad que exhiben, en sus ensayos sobre “estilos de vida”, los periódicos sobre los cuales el artista incide con su trazo negro. De muchas maneras las piezas de Cortés presentan la historia reciente de la ciudad como un palimpsesto conceptual de promesas incumplidas y bellezas transfiguradas en desecho. La ciudad —máquina autodestructiva— deviene pocilga.

José Luis Cortés, "Villa Fontana 2000".

José Luis Cortés, “Villa Fontana 2000″.

Dividida en cuatro salas —“Residenciales públicos”, “Villa Fontana”, “Internacional” y “Performance”— CONCRETO dedica su mirada a la dilapidación. Los residenciales públicos carecen de residentes y de público: la ausencia de puertas y ventanas exhibe la muerte del espacio íntimo y de la vida en familia. Reducidos a su estructura de hormigón y mampostería despintada, sus vanos invitan la libre circulación del viento y las alimañas. Mientras, “Villa Fontana”, urbanización en Carolina que otrora fue puerto seguro para puertorriqueños que regresaban de vivir en los Estados Unidos, es caserío abandonado forrado de rejas y puertas condenadas y condenado a la miseria de lo desierto.

Las imágenes internacionales repiten la misma materia gris del gouache estirado sobre el periódico, como si el arrabal desolado fuera universal. En “Performance”, Cortés elabora sobre la dilapidación de su propio cuerpo, escueto y de triste figura, sea en el arrabal, sea en los paisajes naturales y playeros cuyo colorido no nos sirve de consuelo. Por doquier, el gris triunfa.

El color se cuela espasmódicamente en las imágenes de Cortés. En las piezas de “Villa Fontana”, por ejemplo, el color es parte del caos conceptual de la vivienda expandida: aumentada a capricho en contra de su propia estructura, su piel existe contrahecha gracias a cuadros de rejas de diseños incompatibles. Podemos hablar de la casa de urbanización como una “casa collage”, cuyo tinglado heteróclito apunta al oportunismo de una estética del desgano, la indiferencia, el ocultamiento. A fin de cuentas, estas casas son abandonadas pues resultan ser prisiones inhabitables que reflejan el miedo al otro que resulta ser el mismo, trasplantado e inadaptable a estos falsos arrabales de concreto estilizado. La nación —como arrabal— está en guerra consigo misma, y la casa, como bunker accidental, exhibe su faz inescrutable.

Remisas al sol y a lo exterior, las fachadas de Villa Fontana no confiesan su interior. La fragilidad del tul de una bailarina de Degas, el sentido de clase de una pareja de clase media alta —imposible en Villa Fontana— en contraste con un tenderete de ropa puesta a secar a un sol que nunca acaba de aparecer en estas imágenes de un trópico postergado, son los síntomas de la incoherencia de esta falsa vida de expectativas de clase promovidas por el periódico. Esta casa de clase media-media está llena de imágenes, no de personas; de figuritas, no de habitantes.

José Luis Cortés, "Residencial Puerta de Tierra 2 2014".

José Luis Cortés, “Residencial Puerta de Tierra 2 2014″.

Poblados de imágenes están también los residenciales de Puerta de Tierra, hoy abandonados y en espera de demolición. La serie de edificios idénticos muestra la incoherencia que en ellos ha introducido el elemento humano que, a su vez, ha abandonado este laberinto de la mismidad. Como en el famoso laberinto egipcio de Hawara, lo idéntico es tan confuso como lo disímil, y es imposible llegar a casa cuando todas las residencias son idénticas. Decoradas con slogans y carteles de publicidad, las fachadas grises, deshumanizadas, de los residenciales públicos declaran su incapacidad para ser habitados mientras la belleza —figurada en recortes de periódico que representan escenas de peluquería fina y de ballet— vuela hacia otra parte. Adentro, imágenes de bisutería barata. Continúa Leyendo en “Visión Doble”…

Intolerancia: Un jardín de Arnaldo Roche Rabell

Etiquetas

, , , , , , ,

En esta obra, ese jardín se trastrueca en una cárcel pavorosa, en prisión gótica, en un laberinto de pasiones incomprensibles, en un semillero de la locura.

Arnaldo Roche Rabell, “El jardín de la intolerancia” (2002) Tríptico 12′ x 36′. Museo de Arte de Puerto Rico.

por Lilliana Ramos Collado

La recuerdo como hoy, en una sala enorme y generosa del Museo de las Américas. Corría el año 2003, y se exponía una de las más impresionantes exhibiciones de Arnaldo Roche Rabell, Fraternos, cuyas obras constitutivas fueron desarrolladas entre 2001 y 2003. Vincent y Arnaldo, Vincent y Théo van Gogh, Arnaldo y su propio hermano mayor muerto en una situación trágica, apuntalaron el repertorio de obras de Fraternos. Los temas: la proverbial y mítica rivalidad entre hermanos desde la antigüedad hasta el presente, la tópica rivalidad pictórica entre exterior e interior, la gama cromática de las obras que remite a la paleta del van Gogh en Arles… pero no exactamente, la famosa y ubicua silla de pajilla como objeto primate de los interiores de van Gogh, la respuesta de Roche al crear interiores confusos que abigarran un tropicalismo de pesadilla. La obra más impresionante de toda la exhibición: El jardín de la intolerancia (2002), un tríptico con un tamaño total de 12’ x 36’.

De San Juan, la exhibición viajó al Museo de Arte de Ponce ese mismo año. Para mi sorpresa, faltó ahí El jardín de la intolerancia que, por su extraordinario tamaño (el mismo de las grandes machines de antaño), no pudo ser colocada en las salas del MAP. La próxima parada de El jardín de la intolerancia fue el Museo de Arte de Puerto Rico donde, a partir de 2004, estuvo por varios años en préstamo. Recuerdo el anuncio de publicidad del MAPR protagonizado por Chayanne con este enorme jardín de trasfondo. Eventualmente, la obra regresó al estudio de Roche como parte de su colección privada. Esto no es de extrañar: Roche se caracteriza por la capacidad de saber exactamente cuáles son sus mejores obras, y en su colección personal se encuentran los tesoros de su carrera.

El más reciente avistamiento de El jardín de la intolerancia fue en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico como parte de la exhibición multimuseo Puerto Rico: Puerta al Paisaje (2013, MAC y Museo de Historia, Antropología y Arte UPR), que tuve el privilegio de curar para el MAC. El MAC colgó prominentemente la obra de Roche, para pasmo y delirio de los visitantes, y para deliberación en conversatorios, recorridos curatoriales, entrevistas y otras actividades.

Hace un par de días, el Museo de Arte de Puerto Rico anunció, en una ceremonia de inauguración y bienvenida, la adquisición y colgada oficial de El jardín de la intolerancia en sus salas. Estos fraternos peregrinos —Vincent/Theo, Vincent/Roche y Roche/Hermano— al fin han alcanzado un hogar permanente. Debo decir que, en cada lugar que he visto esta obra, sus significados me han multiplicado. Hoy creo que es obra que merece estudio por entre la gran mayoría del repertorio plástico puertorriqueño.  Continúa leyendo aquí:

El lado oscuro de la ciencia: “Ciencia imperfecta” de Janette Becerra

Etiquetas

, , , , , , , ,

En relatos realmente alucinantes, Janette Becerra evidencia nuestra desconfianza ante lo natural, sus venganzas, su ironía, la crueldad del mundo inhumano de las plantas, las sabandijas y los cadáveres.

La escritora Janette Becerra.

La escritora Janette Becerra, autora de Ciencia imperfecta

por Lilliana Ramos Collado

Todo comenzó en el Renacimiento: la “historia natural” se convirtió en “ciencia” y ese huidizo filósofo que estudiaba rocas y malezas ahora fue el científico que dio por integrarse a las academias de estudiosos de la materialidad del mundo.

Ese científico trataba de desligarse de los magos que estudiaban el lado oscuro de la naturaleza. Intentaba sistematizar su indagación en el mundo natural, dedicarse al número, a la matemática, abolir esa astrología que veía al cuerpo como pequeño mundo del hombre donde reverberaba, por analogía, el gran mundo de Dios.

Para los no iniciados, la ciencia siempre ha sido oscura. El siniestro personaje de Christopher Marlowe —el infame Dr. Faustus— nació a la vez que los primeros tomos científicos y matemáticos de Occidente. Desde su origen, el científico ha sido a la vez héroe y antihéroe. De ahí que de la ciencia provengan tanto el terror como la ciencia ficción. Sigue leyendo

Urbs deformis, labyrinthus

Etiquetas

, , , , , ,

por Lilliana Ramos Collado

El laberinto está hecho para que el visitante no se vaya, para que permanezca en los confines de la ciudad, para que abra su maleta, la vacíe y coloque sus pertenencias en gavetas para así convertirse en habitante permanente que recorre una y otra vez calles que redibujan la forma del laberinto, es decir, la forma de la ciudad. Quizás el habitante llegue a dominar las rutas y descubra las que llevan a otra parte, pero el visitante, por ejemplo, siempre se perderá al no haber tenido el tiempo de descubrir las rutas verdaderas. Quizás esta verdad sea la que ha convertido a nuestras urbanizaciones cerradas en pequeñas ciudadelas amuralladas que son pequeños laberintos designados a atrapar al visitante, a castigar al ladrón. Pues el laberinto obedece al paradigma de la disyunción entre alternativas inciertas, de cuyo acierto ocasional e inesperado, el caminante no puede aprender a cómo salir de ahí. Sigue leyendo

Francisco Oller, maestro de arte

Etiquetas

, , , , , , , ,

Para el Oller artista y maestro, el arte ya no obedecería
ni al plomo ni al nivel.

Francisco Oller, "Cocos"

por Lilliana Ramos Collado

Vivimos en tiempos de libertad. Sobre todo para el arte, pues percibimos que los artistas han abandonado todo asomo de academicismo, que ya no importan la proporción, ni la perspectiva ni el conocimiento del color. La espontaneidad parece ser la orden del día, y sin duda en muchos casos es así, con resultados diversos e impredecibles.

Pero lo cierto es que el arte no es fruto del accidente, sino de un proyecto. La obra de arte se piensa, se ensaya, se emborrona, puede incluso perderse en el camino o fracasar, para luego reencontrarse igual o diversa que lo esperado. Incluso lo accidental —hasta el fracaso— es integrado a una manera de concebir —o de cuestionar— la obra como proyecto. Detrás de todo el pensamiento, la exploración, las tentaciones y las rutas abandonadas, en la raíz del proceso hubo un sentido de propósito. Hasta improvisar es gesto deliberado del artista. El famoso “objeto encontrado” surrealista es también “una forma de ver”.

“Una forma de ver”… ésa es frase la esencial para comprender los cambios dramáticos en el arte occidental. Entre las propuestas extremas —la mímesis (imitación de la naturaleza) y la abstracción (la abolición de la figura natural)— se debate el artista para componer su labor. La mayoría de las obras de arte oscilan entre estos extremos que, probablemente, sean objetos teóricos, pues ni la abstracción absoluta ni la mímesis perfecta existen en el repertorio del arte. Son metas hacia las que vamos a ir, y a las que no llegaremos jamás. Sigue leyendo

Necrópolis: La negra tinta de Eduardo Lalo

Etiquetas

, , , , , ,

Hay en Necrópolis una seria preocupación por la memoria cultural:
sus aciertos y sus crímenes.

Necrópolis. Eduardo Lalo. Ilustraciones del autor. Buenos Aires: Corregidor (2014).

Necrópolis. Eduardo Lalo. Ilustraciones del autor. Buenos Aires: Corregidor (2014).

 por Lilliana Ramos Collado

Eduardo Lalo regresa a nuestra escena literaria por el camino difícil, no para llegar a los astros, sino para catar en su andadura sus propias marcas en el mundo, su tinta esparcida, derrochada. Lalo regresa a su país del papel gracias a la ralladura de su pluma para asediarnos desde un poemario estremecedor que insiste en su perplejidad ante la palabra.

Necrópolis es muchas cosas: la biblioteca de los libros muertos, el bosque que murió para fabricar el papel de esos libros, la ciudad de la noche, la oscura mente y el cuerpo del escritor, la isla que habita y que lo habita, el poema mismo lleno de sentidos aviesos, su historia familiar, su libro titulado Necrópolis. Sigue leyendo

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 2.981 seguidores