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En mi mano, una vasija de madera, hecha al torno, por el artesano puertorriqueño Charlie Rivera. La adquirí en la Feria de Barranquitas hace casi 25 años.

En mi mano, una vasija de madera, hecha al torno, por el artesano puertorriqueño Charlie Rivera. La adquirí en la Feria de Barranquitas hace casi 25 años.

La primera definición de ‘artesanías’ suele ir acompañada de un regusto ‘primitivista’, de un gozo de sentirnos apegados a los orígenes, de navegar tranquilos por el mar bravío de un mundo que ha dado la espalda al prestigioso pasado de los ‘primeros’, de aquellos que, hace milenios, realizaron la primera talla.

por Lilliana Ramos Collado

Por “artesanía” entendemos los modos de crear objetos a mano partiendo de materiales primarios; también, los objetos que ponen en acto una tradición colectiva, ya sea formal, ya sea procesal. La artesanía es un objeto reñido con la máquina, enemigo de la modernidad, abrazado a una herencia benemérita y a una noble manualidad transgeneracional. Además, cuando hablamos del talento artesanal, nos referimos a destrezas especiales que implican maestría en el acto de dar forma —al barro, por ejemplo— y de dotar de perfección a cierto objeto —de barro, por ejemplo— que sí puede exhibir la marca individual depositada en las manos del craftsman.

La primera definición de “artesanía” suele ir acompañada de un regusto “primitivista”, de un gozo de sentirnos apegados a los orígenes, de navegar tranquilos por el mar bravío de un mundo que ha dado la espalda al prestigioso pasado de los “primeros”, de aquellos que, hace milenios, realizaron la primera talla. La artesanía puede ser una forma segura de regresarnos al momento de la invención, al instante en que la comunidad aceptó con aplauso una nueva forma que era aún “primate”, y la siguió repitiendo, hermosa y útil.

La segunda definición valida al “artesano diestro” que realiza prodigios con sus manos, objetos que desafían tanto el proceso de trabajo como las materias con las cuales se ha trabajado. A fin de cuentas, toda materia se resiste a la voluntad del artesano, y el individuo diestro lo es precisamente porque ha derrotado la terca inercia en que duermen siempre las piedras, las maderas y los metales.

Ahora bien —según nos propone Glenn Adamson en su espléndido libro  The Invention of Craft (2013)— las “artesanías” no cobran identidad hasta que surge la máquina. Es el proceso industrial y mecánico de elaboración en serie el que pone de relieve la peculiaridad de estas acciones y de estos objetos realizados con cautelosa atención por la mano humana. Aunque parte de la Revolución Industrial, Adamson deja en suspenso la incómoda confusión entre la manualidad tradicional y colectivista, y la destreza singular que se alimenta del talento individual.

Desde el siglo XVII, tanto las prácticas artesanales tradicionales como las individuales se considerarían inferiores al producto siempre igual que realiza la máquina. En el presente, han sido el coleccionismo y el turismo —ambos promotores de lo exótico— los que han tratado de devolver el prestigio a prácticas artesanales que han perdido su utilidad y, en general, han devenido “estéticas” u “ornamentales”. En cierto sentido, a las artesanías les sucede lo que, según Jean Baudrillard, le ocurre al “objeto antiguo” (en este caso, al objeto “primitivo”, “manual”): su prestigio proviene de su propia obsolescencia, de su intrínseca inutilidad, de su ser evidencia de otro tiempo y de otros valores de autenticidad reñidos, a su vez, con la máquina, despersonalizada y despersonalizadora, puro capitalismo depredador y despreciativo de la labor de las manos. Es fácil inferir que, en este contexto, como dice Adamson, “la artesanía es un antídoto contra la modernidad”.

THE INVENTION OF CRAFT. Glenn Adamson. London: Bloomsbury (2013).

THE INVENTION OF CRAFT. Glenn Adamson. London: Bloomsbury (2013).

Interesantemente, Adamson atempera este argumento y nos señala la estrecha relación entre la máquina y la mano, por un lado, y entre la resistencia a la monotonía de la máquina y la infinita variación de la forma debida al proceso industrial. “Artesanía” no se opone al talento, sino que se vehicula a través de la idealización del pasado artesanal. De ahí que, todavía para muchos de nosotros, el craft no denote inferioridad, sino creatividad, origen, raigambre y autenticidad, independientemente de la destreza del artesano.

Al examinar aspectos fundamentales de las “artesanías” tales como la manipulación que implican, el misterio de su origen, el mecanicismo repetitivo de toda tradición, y la memoria encerrada en la tradición larga del objeto artesanal, Adamson propone una pregunta profunda: ¿de dónde surge nuestra necesidad sociocultural de producir y poseer estas artesanías hoy día? Y digo yo: ellas surgen de nuestra “fábrica de los diez dedos”, frase con la cual nuestra Inés María Mendoza intentó enseñarnos los placeres y los beneficios sociales y culturales que estos objetos nos siguen dando hoy día.

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EXTRA/ORDINARY. Craft and Contemporary Art. María Elena Buszek, ed. Durham: Duke University Press (2011).

EXTRA/ORDINARY. Craft and Contemporary Art. María Elena Buszek, ed. Durham: Duke University Press (2011).

Cada día vamos abrazando las artesanías, y ellas se abrazan con las artes. Como si el arte bajara del frío cielo de las formas perfectas para mezclarse con la cálida cotidianidad de las cestas para el pan y del primor de las frazadas tejidas. Es ése el reto de Buszek en su espléndida colección de ensayos que visitan diversos aspectos de la “polinización cruzada” entre prácticas culturales colectivas e individuales.

La premisa de Buszek es anticipable: “En nuestra era de la informática, la ‘información’ sensorial, táctil de los medios artesanales nos habla de una conexión directa  con la humanidad que quizás se encuentra amenazada, o al menos reconfigurada en nuestras vidas tecnológicamente saturadas de la contemporaneidad”.

Los ensayos versan sobre el ir y venir de lo “extra/ordinario”: las prácticas comunitarias que validan las artesanías; la estética de lo artesanal; el contenido diverso de las artes y las artesanías; los retos del tejido y del papel de pared en la instalación artística; la hibridación de lo manual y lo mecánico; la “cerámica conceptual”; las políticas del activismo artesanal y sus curadurías radicales; y el retorno de los artistas a las artesanías, y viceversa, emborronando las cómodas fronteras establecidas por las historias del arte y por los estudios culturales.

Jaime Suárez, Galería de tierras...

Jaime Suárez, Galería de tierras…

Qué sé yo: pensemos en la Galería de tierras (2005), del ceramista conceptual Jaime Suárez; en las tallas de madera de Lorenzo Homar que, impresas, devienen exquisitas caligrafías; o en las esculturas de tela de Elsa Meléndez… Aquí amamos las artesanías, pues pueden “sanar” las “insanías” o desmanes de un individualismo que va perdiendo su norte: el público.

[Estas reseñas fueron publicadas originalmente en el Suplemento ¡Ea! de El Nuevo Día el 25 de agosto de 2013.]