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Pedro Adrno Irizarry, director de Agua, Sol y Sereno, y Yara Liceaga, gestora de Poetry is Busy

Pedro Adorno Irizarry, director de Agua, Sol y Sereno, y Yara Liceaga, gestora de Poetry is Busy

por Lilliana Ramos Collado

 —Pensando en los incansables gestos
culturales de Pedro Adorno Irizarry y Yara Liceaga

No es accidente que usemos el término “gestionar” para hablar de encauzar la diseminación de actos o bienes culturales, y si se trata de actos autónomos desde la ciudadanía, el término “autogestionar”. Considerando que lo que nos viene de la cultura del pasado ha sido casi todo producido y encauzado bajo el ala del “Estado” o del un mecenazgo alentado por el valor añadido de promocionar o patrocinar la cultura, vale señalar las bellezas de las palabras “gestión” y “autogestión”, que no sólo vienen desde la gestualidad del gesto, sino desde la maravilla de la gestación, del parto, del alumbramiento auspicioso, desde fuera del Estado.

Siendo tema de producciones, natalidades y gestualidades, hay que ver, primero que nada, que siendo la cultura una masa de expresiones, éstas aspiran a la autonomía y a la libertad del gesto, buscan la salida del vientre como todo recién nacido, y ostentan la factura de la mano humana para que hablemos de producción.

Poetry is Busy, organizado por Yara Liceaga, recoge en cada uno de sus eventos nuestros mejores poetas, con música en vivo, proyecciones y otros modos de arte

Poetry is Busy, organizado por Yara Liceaga, recoge en cada uno de sus eventos nuestros mejores poetas, con música en vivo, proyecciones y otros modos de arte

Pero al fundir estas tres acciones amparadas en “gestar “—que es palabra originaria y raíz de las demás, y entonces hay que decir que, como proponía Hillary Clinton, “It takes a village to raise a child”— tengo yo que subrayar que el objeto cultural puesto en marcha a partir del parto necesita del acogimiento de toda una sociedad para crecer gordo y colorao.

Por eso, en su sabiduría casi infinita, Walter Benjamin nos hablaba de que el creador de cultura no se basta solo: necesita de un medio cultural para poner en circulación su obra, que nunca estará completa sin la mirada experiencial de un público. En el caso de la literatura, se necesita una tradición literaria —para adoptarla o para abandonarla—, se necesitan editoriales, editores, librerías y libreros, críticos e historiadores, medios masivos de diseminación, y un público que interactúe con ese producto puesto en circulación. La sociedad entera tiene que ver con ese objeto cultural, sea como garante de su inteligibilidad, sea como su verdugo, sea como pantalla donde se reflejará ese gesto de la cultura.

Entrevista a Pedro Adorno para un documental sobre Agua, Sol y Sereno, su grupo de poliarte teatral.

Entrevista a Pedro Adorno para un documental sobre Agua, Sol y Sereno, su grupo de poliarte teatral.

Así, una obra teatral no se completa en una versión impresa de su texto con acotaciones, pues los elementos del teatro sólo se dan en vivo y en acto de convocatoria a la mirada y a la escucha, y hoy día a la participación y a la captura de su auditorio como parte de una escena significante. En las artes plásticas, no basta colgar cuadros en una pared blanca, sino que debe ocurrir un diálogo entre el observador y la obra, el artista, etc. Y en la música, lo que vale al teatro, pues se trata de otra de las artes escénicas.

Interesantemente, en los últimos años hemos ido comprendido que lo peor que podemos demandar es una gestión estatal de la cultura, pues sabemos, observando el arte del pasado, que el Estado gestiona a su conveniencia y desde una hegemonía realmente unilateral, y eso lo hemos descubierto al desenterrar —gracias a los “estudios culturales”— procesos de autogestión que siempre estuvieron presentes en la cultura de todas las épocas. Sí, esos autogestos autogestionados solían ser precisamente oposicionales o críticos de los gestos estatales y hegemónicos, constituyéndose en una ruptura con los cánones mandatorios. Por eso quedaron invisibilizados por la historia escrita desde las hegemonías. Y ahora, escarbando en la historia cultural, los vamos encontrando, y están ahí para servirnos de ejemplo.

Yara Liceaga en la presentación de su reciente libro "El mundo no es otra cosa".

Yara Liceaga en la presentación de su reciente libro “El mundo no es otra cosa”. Foto Marlyn Centeno.

Se intuye pues que en la autogestión nos va la libertad de expresión y el discurso contestatario, y quizás debamos aceptar que para salirnos del camino de la cabra tenemos que ordeñar hasta la última gota de lo que haya en nuestro bolsillo, pues siempre esa independencia económica nos liberará de exigencias formales que pueden echar a perder la validez y pertinencia de nuestro gesto cultural. Además, el gesto estatal, con sus brillos y sus lujos, queda desinflado con la modestia de los gestos modestos que se propagan desde la modestia de nuestro bolsillo. La cultura, porque sea económica, no deja de ser excelente, valiosa, pertinente.

Voto por el riesgo, por la malicia creativa, por la discursividad dialógica, por la resistencia a lo consabido, por la visceralidad de lo imprescindible, por la modestia sin lujos (como decía Bruno Munari, “el lujo es una falta de educación”…) que adorna lo urgente y lo pertinente. Eso será lo que mantenga viva la cultura. Y, claro, trabajar a todo pulmón para que sobre nuestras huellas bien marcadas otros puedan ir haciendo camino hacia donde sea que su arte florezca. Que los obstáculos entusiasmen nuestro gesto. Sí.

Pedro Adorno en su taller de trabajo, preparando cabezudos y otras máscaras gigantes.

Pedro Adorno en su taller de trabajo, preparando cabezudos y otras máscaras gigantes.

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