Etiquetas

, ,

El alfabeto de la Utopía de Tomás Moro.

El alfabeto de la Utopía de Tomás Moro

por Lilliana Ramos Collado

Unos pintan el futuro como el apocalipsis. Son los pesimistas. Otros elaboran complejas utopías para satisfacer las necesidades del presente. Esos son los optimistas. Y aún otros imaginan una sarta de días iguales que se prolongará infinitamente en el tiempo, sin mejoría ni empeoría. Son los indiferentes, que son los más.

El futuro es una mezcla de esas improbabilidades: las peores, las mejores y las mismas. Es a veces como si hubiéramos desistido de nuestra lucha por la justicia y nos conformáramos con añorar los futuros imaginarios que hemos abandonado o que han sido aplastados bajo el peso de otros imaginarios más de moda… Sea como progreso o como apocalipsis, vivimos siempre con sobresalto nuestras anticipaciones, y cada vez con mayor aceleración. Vivimos una incertidumbre desesperanzada o de desesperada esperanza: nos urge imaginar un futuro —ya que no EL futuro—, y lo martillamos a la fuerza mediante escenarios probabilísticos de modelaje matemático, con predicciones del horóscopo, con profecías y con manifiestos. Pero sentimos —inconfesadamente— que el futuro es una apuesta, o una chamba, o un destino burlado.

Las actitudes nos dividen: unos viven al garete de lo que venga; otros literaturizan el futuro; otros construyen hoy un entorno urbano como si el campo fuera el pasado, y otros, los más ambiciosos, elaboraran complejos planes que asignan a cada cosa su lugar, y nos devuelven a un pasado como utópica armonía entre la naturaleza y el artificio, entre lo humano y lo inhumano.

El futuro siempre ha existido. Decirlo parece un chiste, pero siempre ha habido ese pensamiento anticipador que se preocupa por establecer, desde el hoy, el mundo de mañana. Pienso en los inmortales de Borges quienes no se preocupaban por terminar de construir su ciudad, pues tenían toda la eternidad para hacerlo. De ellos aprendemos que el tiempo es netamente humano.

Utopía, Ohio USA

Utopía, Ohio USA

Hay otros que se ponen en manos de la divinidad y le asignan a ella la responsabilidad del futuro, y no hacen nada por recomponer las hambrunas y las injusticias del presente. De ellos aprendemos que el futuro no es sólo humano, sino que es la consecuencia de nuestros actos y omisiones.

Y aún otros se dedican a imaginarlo, y siempre fallan. De ellos aprendemos que para imaginar el futuro humano hay que salirse del presente. Sea apocalipsis, sea utopía, sea más de lo mismo, parece ser necesario por un lado humanizar el futuro y, por otro, forzarlo a ir más allá de nuestra necesidad presente. Qué banal parece todo ante ese hoyo negro que apenas podemos iluminar con cierta desesperación, con duda, con un optimismo desgastado hasta el hueso…