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Ripley y su alien.

Ellen Ripley y su alien.

por Lilliana Ramos Collado

Estamos en tiempos de monstruos. Nos interesa lo secreto, lo oscuro, lo contrahecho, pues está hecho contra nosotros: nos ataca, nos aloca, nos persigue, y no sabemos si es real o imaginario o, contrahecho al fin, si es a la vez real e imaginario.

Según Jeffrey Cohen, estas criaturas tienen un cuerpo cultural: dan forma a nuestros miedos, pesadillas, enemigos imaginarios. Para desconsuelo nuestro, el monstruo siempre escapa, y por eso siempre regresa inesperadamente y en el peor momento. El monstruo, en tanto mogolla de cuerpos, siempre nos propone una crisis en las categorías de lo real, y por eso lo empujamos hacia lo imaginario. Esta criatura vive en el umbral de la diferencia, pues es “diferencia hecha carne”. El monstruo patrulla los bordes de lo posible, amenazándonos siempre con una caída en lo imposible. Tememos al monstruo, pero lo deseamos, pues representa la tentación de lo prohibido. Y lo peor de todo, el monstruo siempre está a punto de ser, y por lo tanto todos somos potencialmente monstruos. Recordemos al pobrecillo Gregorio Samsa de Franz Kafka, que un día e inesperadamente se levantó convertido en un horrible insecto…

Según Eve Segdwick, la narración gótica es monstruosa y llena de monstruos. Está surcada por prohibiciones y transgresiones. Sus espacios y tiempos se mezclan. Sus historias y personajes se enredan, y de pronto nadie es quien parece ser. Sueño y vigilia, vida y muerte se confunden. La materia se desmaterializa en pura fantasmagoría. Lo gótico nos hunde en la oscuridad, donde es difícil ver la forma de las cosas; de hecho, la oscuridad deforma y exagera la falta de forma. Espacios cerrados, claustrofobia, sentido de desarraigo son ambientes góticos. Los temas del gótico: la ruina, el bosque oscuro, la habitación cerrada, la noche; la ancianidad misteriosa, la juventud melancólica, y la infancia diabólica; estados alterados de conciencia, el realismo de los sueños, la intuición profética y el mal augurio; cementerios, enterramientos, aparecidos; lo subterráneo, lo críptico; dobles y gemelos, uno bueno y otro malo; parentescos revelados; manuscritos antiguos e indescifrables; culpa, vergüenza; situaciones inenarrables; personajes errantes; desvanes, prisioneros, manicomios, mataderos… Todo contado aguantando la respiración, lentamente y en voz muy baja. Referencias: Jeffrey Cohen, “Monster culture: Seven theses”. En Monster Theory. Reading Culture. Minneapolis: The U of Minnesota Press (1996) Eve Kosofsky Sedgwick. The Coherence of Gothic Conventions. London: Methuen (1986).