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En relatos realmente alucinantes, Janette Becerra evidencia nuestra desconfianza ante lo natural, sus venganzas, su ironía, la crueldad del mundo inhumano de las plantas, las sabandijas y los cadáveres.

La escritora Janette Becerra.

La escritora Janette Becerra, autora de Ciencia imperfecta

por Lilliana Ramos Collado

Todo comenzó en el Renacimiento: la “historia natural” se convirtió en “ciencia” y ese huidizo filósofo que estudiaba rocas y malezas ahora fue el científico que dio por integrarse a las academias de estudiosos de la materialidad del mundo.

Ese científico trataba de desligarse de los magos que estudiaban el lado oscuro de la naturaleza. Intentaba sistematizar su indagación en el mundo natural, dedicarse al número, a la matemática, abolir esa astrología que veía al cuerpo como pequeño mundo del hombre donde reverberaba, por analogía, el gran mundo de Dios.

Para los no iniciados, la ciencia siempre ha sido oscura. El siniestro personaje de Christopher Marlowe —el infame Dr. Faustus— nació a la vez que los primeros tomos científicos y matemáticos de Occidente. Desde su origen, el científico ha sido a la vez héroe y antihéroe. De ahí que de la ciencia provengan tanto el terror como la ciencia ficción.

Y es que hay una ciencia supuestamente “perfecta”, cocinada en los laboratorios llenos de frascos y substancias químicas; y hay otra ciencia —que es esa misma— que se dedica a violar sus propios valores de verdad y, en vez de auscultar las claridades del mundo, se dedica a sus oscuridades. Es decir: la ciencia perfecta y la imperfecta son una y la misma, pero la imperfecta es la más “verdadera”, pues admite que la mayor parte del mundo nos es desconocida.

"Ciencia imperfecta". Janette Becerra. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña (2014).

“Ciencia imperfecta”. Janette Becerra. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña (2014).

A eso dedica su Ciencia imperfecta Janette Becerra, una de nuestras más sobresalientes escritoras: poeta laureada, cuentista minuciosa y sorprendente, ensayista impecable, crítica literaria de gran agudeza y erudita cuyo saber impresiona por su frescura e ingenio. Esta autora experimentada nos deja perplejos ante un mundo extraño que no se deja conocer.

Cada relato nos propone un twist perverso que desdice de la ciencia: algunos cuentos, como “Visitabas puntualmente el consultorio”, “El horticultor”, “El experimento”, “El viaje”, “Cruzada literaria y “Carta de la señora Perlemán”, narrados en primera persona, deben su terrorífica ciencia a que los narradores son testigos ignorantes de lo que ven. Lección: contrario al método experimental, la ciencia no se basta con un solo testigo, pues debe ser objetiva, evidente para todos.

Pero cuando avistamos un milagro —algo que la ciencia no puede explicar— no hay multitud de testigos que valga, como ocurre en “Coma”, “Otro caso de estudio para la zoología” y “Casa Alcaldía”. Todos ven lo que ven, pero lo que se ve se escapa de lo real.

Para Becerra, la ciencia no es sólo oscura, sino patraña de la naturaleza, giro inesperado nacido del humor negro de un dios desconocido que, en los relatos, no es otro que la escritora misma. Y por eso la ciencia es, sobre todo, ficción de terror: en la libreta de notas del científico late, desde ya, un cuento extraño.

En relatos realmente alucinantes, Becerra evidencia nuestra desconfianza ante lo natural, sus venganzas, su ironía, la crueldad del mundo inhumano de las plantas, las sabandijas y los cadáveres. El paso de lo humano a lo inhumano es siempre ominoso, y Becerra insiste en ello.

Además, en sus cuentos, esta escritora celebra sus amores literarios: “Coma” nos devuelve al Goethe moribundo que estudió, en su Teoría del color, la diferencia entre luz y oscuridad. En “Visitabas puntualmente…”, quizás aluda al film “The Others”. En “Cruzada literaria” intuimos una parodia de la parodia que ya era la cruzada para la destrucción de libros que presenta Bradbury en su Farenheit 451, cuyo trasfondo es la quema de libros que imagina Cervantes, quien también relumbra en el cuento “El horticultor”, aunque en éste último el Manco de Lepanto ejercita su mano sana en el “taller de inmunda creación” de Mary Shelley. “Casa Alcaldía” recuerda la idea de la simultaneidad de mundos, como en “Axolotl” y “La noche boca arriba” de Cortázar, y veo al Cortázar de “La isla al medio día” reaparecer en “El viaje”.

Libro sobrecogedor, inteligente, de prosa cristalina, Ciencia imperfecta es de lo mejor de nuestro repertorio de terror/ciencia ficción. Becerra nos demuestra que el lado oscuro de la ciencia somos nosotros. Por eso, sólo nos queda pedir, junto a Goethe, “Mehr Licht!”, es decir, “¡más luz!”

[Reseña publicada originalmente en la sección “Tinta Fresca” del periódico El Nuevo Día el 1ro de junio de 2014]

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