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Los textos muestran mucho más que sanación: evidencian aquello que Martin Heidegger llamaba “construir, habitar, pensar”, el gesto humano primario de estar afincado en el mundo a sabiendas.

 

En el Teatro Francisco Arriví, los Jóvenes de Vida Independiente declaman el fruto de su trabajo en el Taller “Tomando la Palabra”. Si deseas asomarte a esta lectura de poesía, pulsa aquí: http://www.youtube.com/watch?v=AUMix2WMf9w&feature=youtu.be

por Lilliana Ramos Collado

“Χωρα”. Desgraciadamente no gozamos de una buena traducción de esa palabra al español. En griego antiguo, “xora” quería decir muchas cosas: “espacio intermedio de tierra, trecho, intervalo; emplazamiento, sitio, lugar; lugar determinado, puesto; país, región, comarca; país natal, patria, tierra, suelo, territorio; campo, campiña, propiedad, finca, fundo, posesión rural…”

¡Que ancha y amplia es esa “xora”! Invocándola quiero visitar esa extraña región que l@s escritor@s habitan y que es su único lugar en el mundo: el papel, esa hoja blanca y vacía ante la cual se sientan a trazar el rumbo de sus vidas, a establecer una identidad, a relatarnos penas y alegrías, a deshacerse de pesadillas y a hacerse de ensueños. Para el escritor, el papel es el país natal.

Para quien escribe, no hay otra región tan auspiciosa, tan amplia, tan acogedora, o tan temible, tan difícil, tan amarga. Peor es la buena o la mala emoción cuando se trata de entrar por primera vez a un territorio donde se existe extrañamente, extranjeramente, pero que sentimos como absolutamente nuestro, pues habitaremos la página por pura voluntad: nadie nos obliga a escribir. Esa hoja en blanco, cuando es la primera, abriga la esperanza de ser y el desamparo de no saber qué decir para comenzar a ser. Así es la “xora”, un intervalo, un lugar a medio camino entre el partir y el llegar.

Me emocioné mucho al hojear la antología que honra las primeras páginas de l@s “jóvenes de vida independiente” (pertenecientes al programa del mismo nombre del Departamento de la Familia), preparada bajo la tutela de nuestra Mayra Santos Febres, y tallereada por tres poetas de gran talento y ya reconocidos por sus obras: Xavier Valcárcel, Karen Sevilla y Carlos Vázquez Cruz. Repito en mi mente “jóvenes de vida independiente” y se me ocurre que la página es, sin duda, su patria natural.

El Taller “Tomando la Palabra”, ideado por Vanessa Pintado Rodríguez, (Administración de Familias y Niños) y echado a volar en las manos expertas de Santos Febres, expuso a estos jóvenes a la escritura poética durante varios meses. La meta, nos dice Pintado en su introducción, era servirse de la escritura “como parte de una evolución sanadora”. Los textos muestran mucho más que sanación: evidencian aquello que Martin Heidegger llamaba “construir, habitar, pensar”, el gesto humano primario de estar afincado en el mundo a sabiendas.

Palabras de vida independiente. Primera antología de escritura creativa Taller “Tomando la Palabra”. San Juan: Salón Literario Libroamérica y Departamento de la Familia (2014).

Palabras de vida independiente. Primera antología de escritura creativa Taller “Tomando la Palabra”. San Juan: Salón Literario Libroamérica y Departamento de la Familia (2014).

Porque la página es “campo, campiña, propiedad rural”, hoy vemos florecer la palabra bien tomada: 51 poetas en ciernes nos entregan sus poemas y en ellos verbalizan en profundidad la esperanza, la juventud, la pregunta por la vida, el desamparo, el encuentro, la promesa, Dios, el ser humano, la felicidad, la familia, la orfandad, la soledad, la valentía, el temor, la añoranza y la poesía misma. Se suman en estas páginas los grandes temas de la filosofía y de la literatura, expresados con la sorpresa —entre entusiasta y tímida— de escritores que acaban de lanzarse a buscar su lugar para construir, habitar y pensar.

Mayra Santos Febres nos advierte en su prólogo que no todos estos escritos son “poesía”, pero que la mayoría sí lo son. Quizás necesitan más elaboración, más práctica, más pensamiento, pero hay que decir que ya tienen la andadura y los golpes y heridas de la vida, esos sinsabores que, con frecuencia, los poetas educados que escriben “mejor” nunca han padecido. La poética de est@s poetas de vida independiente es más cruda, visceral, directa, y aunque accedan a un lenguaje voluntariosamente poético, seguimos sintiendo la pasión por encima, por debajo y en el alma de sus palabras. Todo suena a verdad, y eso, en poesía, no es poca cosa.

Alejandro Santiago lo dice mejor que yo: “Parcial e irracional / las ganas de querer soñar. / Un suspiro me revuelca la imaginación / me pasa por la frente / el aire indecente de una travesía / por los desérticos valles de mi alma. / Se ve desde un avión el vacío / de mi corazón / pero se unen es mis mejillas los deseos / de mirar el mundo desde el balcón.”

Ese balcón, ese elevado observatorio independiente, es la página, el verdadero país del escritor, espacio intermedio entre su yo y el mundo, su “xora”.

He aquí el Diccionario, ese gran continente donde se encuentra la “xora”, tan ancha, tan rica, tan retante y tan liberadora…

[Esta reseña fue publicada originalmente en el periódico El Nuevo Día el 4 de mayo de 2014, pág. 84]