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EL ARTE DE MORIR Y LA PEQUEÑA MUERTE. Nemir Matos Cintrón y Yolanda V. Fundora. Editorial Atabex (2014).

EL ARTE DE MORIR Y LA PEQUEÑA MUERTE. Nemir Matos Cintrón y Yolanda V. Fundora. Editorial Atabex (2014).

Una artista y una poeta conjugan sus respectivos artificios sobre la página.

por Lilliana Ramos Collado

Con cuatro libros a su haber —Las mujeres no hablan así y A través del aire y el fuego, pero no del cristal (1981), Aliens in NY (2012) y El arte de morir (2014)— Nemir Matos Cintrón demuestra que, aunque “todo conspira contra el poema”, el poema resiste, se rebela, se escribe y, finalmente se publica. Hay siempre algo irrepresible en la poesía, y aquí está, vencedora.

Con Las mujeres no hablan así, Matos fue la primera poeta puertorriqueña en publicar un libro abierta (y escandalosamente) queer, y sentó la base de un diálogo fructífero —puertorriqueño— de las mujeres con su propio cuerpo. Siendo el cuerpo queer un cuerpo límite que exhibe una conducta a contrapelo de lo que se espera de la mujer, ponerlo a hablar en otro idioma lo colocó a plena luz del día, proponiendo continuidades retantes entre lo púbico y lo público.

La de Matos es una incansable poesía erótica cifrada en una política del cuerpo de la mujer como un espacio de desencuentros en los bordes de lo social. Hay una cierta monstruosidad en ese cuerpo polimorfo y multilingüe que apunta rutas nuevas: desde un autoerotismo sabio que reconoce la independencia de la mujer en el placer, hasta la certidumbre de que, en su ambulación fuera de ruta, hay una soledad implacable que raras veces se remedia. Y digo “monstruoso” porque todo monstruo es síntoma de una crisis en las categorías sociales establecidas.

Plana diseñada por Fundora para el poema de Matos Cintrón dedicado a Manuel Ramos Otero

Plana diseñada por Fundora para el poema de Matos Cintrón dedicado a Manuel Ramos Otero

Quizás todos los libros de Matos han sido expresiones del “ars moriendi” o “arte de morir.” Para los filósofos antiguos, la muerte era el último reducto de dignidad, y por eso un arte de morir tenía que ver con una muerte “digna”, la de un Séneca, por ejemplo. Pero para Matos, este “ars moriendi” propone otro paradigma de dignidad que nada tiene que ver con la muerte austera del filósofo, sino con los goces que a la vez incitan y aturden el alma y el cuerpo.

El arte de morir y la pequeña muerte fue, en su origen, escrito para una instalación de la artista plástica Yolanda Fundora en 1991 en la Liga de Estudiantes de Arte de San Juan, titulada El Arte de Morir. La artista buscaba explorar los procesos mismos del arte y la muerte del arte mismo, e invitaba al público a dejar sus propios vestigios e ideas dentro de la exhibición. También señalaba ya la crisis rampante del SIDA, que segó la vida de tantos, y de muchas maneras los poemas de Matos para esa exhibición fueron su testimonio.

En la instalación, los poemas de Matos estaban sobre una mesa de dibujo donde compartían el espacio con las imágenes en fotocopia de Fundora. Es gracias a esa invitación que Matos continuó su meditación y escribió posteriormente otros poemas en homenaje a amigos escritores y artistas víctimas del SIDA.

De igual modo que allá en 1991, Matos y Fundora trabajaron juntas un arte de morir, hoy, en esta edición de los poemas de Matos, Yolanda Fundora regresa para conversar con su antigua cómplice y aporta imágenes y diseño a la publicación.

Plana diseñada por Fundora para el poemario "El arte de morir y la pequeña muerte", de Matos Cintrón.

Plana diseñada por Fundora para el poemario “El arte de morir y la pequeña muerte”, de Matos Cintrón.

Los poemas de Matos son de una belleza sofocante, y en ellos titila su amor y dolorosa recordación de Manuel Ramos Otero, Luis Cartañá, Krugger el cocinero del friquitín sanjuanero, el actor Pedro Norat y de sí misma, en un poema dedicado a su propia muerte. Los poemas pormenorizan la imagen de la muerte agazapada en la cotidianidad de sus próximas víctimas mediante una poética que rehúye la exaltación y la grandilocuencia. El luto contenido en la descripción de acciones cotidianas coloca la muerte como parte del bestiario voraz de una realidad chata, repetitiva y sin énfasis.

A esos poemas, Fundora contesta con un diseño en gran formato, mortuorio, centrado en el alto contraste en blanco y negro, la tipografía en la composición, y color muy ocasional para crear puntos de gran estridencia. Fundora evita ilustrar los poemas. Prefiere trabajar sus énfasis en contrapeso de los énfasis temáticos de los poemas de Matos. Poema y arte quedan suspendidos en un mano-a-mano de fuerzas encontradas, y cada cual aporta lo suyo a la idea de la muerte: la del arte, la del poema, la de los cuerpos de la corrupción y la de los cuerpos del goce.

Plana diseñada por Fundura que documenta su inslatación de 1991 en la Liga de Estudiantes de Arte, titulada "El arte de morir", con poemas de Matos Cintrón.

Plana diseñada por Fundora que documenta su inslatación de 1991 en la Liga de Estudiantes de Arte, titulada “El arte de morir”, con poemas de Matos Cintrón. A la izquierda de la foto de la instalación se pueden ver los poemas de Matos Cintrón mezclados con las fotocopias manipuladas de Fundora.

Porque dos cuerpos hay aquí: el de la muerte y el de la pequeña muerte. El fin del cuerpo en su corruptibilidad se carea con el momento de suspensión que nos trae la idea freudiana del orgasmo como esa “petite morte”. Si el poema asedia este tópico, el mismo placer ambiguo revelan los bocetos, figuras y composiciones de Fundora: en el torbellino de imágenes surge esa misma pequeña muerte que nos lleva, vertiginosa, de un lado al otro de la página, para seguir regresando al poema.

Vale señalar que varias de estas imágenes se encuentran en el recién publicado libro de Fundora, Toward a Digital Aesthetic. The Art of Yolanda Fundora. En él, la artista pormenoriza su biografía artística y nos ofrece una generosa muestra de su trabajo desde 1985 hasta el presente. Su obra se caracteriza por la exhuberancia de color, la composición tipo collage, el énfasis en motivos florales, y la ostentación del artificio en la creación de la pieza. Lo digital golpea el ojo y lo sorprende, viajando rápidamente entre lo posible y lo imposible mediante técnicas que rozan el Op Art.

TOWARD A DIGITAL AESTHETIC. The Art of Yolanda Victoria Fundora. www.urbanamish.com (2014).

TOWARD A DIGITAL AESTHETIC. The Art of Yolanda Victoria Fundora. http://www.urbanamish.com (2014).

Matos y Fundora han mantenido, durante décadas, un diálogo fructífero entre poesía e imagen sin ceder una a la otra, sino careando sus énfasis. Eso es, en sí, difícil, ya que, en el diseño de libros, la imagen suele ser esclava del texto. Matos y Fundora han confrontado el reto: y el libro a cuatro manos que reseño aquí es testigo de cómo las diferencias pueden aliarse si dejar de ser diferencias.

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