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El jardín y la representación. Pintura, cine y fotografía.  Michael Jakob. Madrid: Siruela (2011).

El jardín y la representación. Pintura, cine y fotografía. Michael Jakob. Madrid: Siruela (2011).

¿Qué es un jardín sino pura resistencia al cambio?

por Lilliana Ramos Collado

La pregunta es, en realidad, si tú has visto un jardín alguna vez. Ese donde hay plantas educadas por la mano humana, donde las flores son ya predecibles porque alguien tuvo la paciencia de combinar sus colores, de escanciar la tierra y darle forma a pequeñas colinas artificiales, donde todo (una intuye) tiene su propio lugar.

Bien sabido es que jardín no es igual a naturaleza, aunque la naturaleza ciertamente ayuda un poco al aportar plantas vivas que inevitable e imparablemente siguen su ciclo vital, no importa cuánto desees detener, por un momento, su momento. Dale, observa un jardín. Sentirás alguna ramita crecer, romper la armonía, violar las reglas del acomodo y de los colores. Y es que Madre Natura siempre se rebela en el jardín.

¿Qué es un jardín sino pura resistencia al cambio? ¿Una bella postal cuya imagen está a punto de estallar?

De ahí que sea tan y tan difícil, según Michael Jakob, representar el jardín. La pintura y la fotografía sólo pueden hacerlo de frente, de forma estática, achatando su profundidad y truqueando sus órdenes. A pesar de que el jardín es artificial, siempre queda ese bullicio del crecimiento irreprimible de las plantas, el batir del viento que saca de quicio el deseo de ordenar. Hasta el jardín menos manicurado se resiste a la pintura y a la fotografía. Toda foto, toda pintura, falsifica el jardín al robarle su decurso.

Jakob explora minuciosamente diversos jardines y cómo —como quien dice— nos dan la espalda y no se dejan ver. Con “ver”, el autor quiere decir catar en su completitud, transferir a un objeto artístico fijo e inmóvil de modo que tengamos una especie de instantánea que lo revele como “es”. Imposible: el jardín condensa ideas, deseos, añoranzas, y por eso, cada elemento del jardín está ahí por ello y no por “natural”. La jardinería ya es un arte en sí: pintar o fotografiar el jardín es como retratar una pintura.

¿Cuáles son, sin embargo, los retos de pasar la experiencia del jardín a otra forma de arte?

La pintura le permite al artista escoger lo que irá al lienzo, y no todo el jardín pasará a la superficie pictórica. La pintura abstrae, escoge, potencia, crea protagonismos que quizás no estaban allí, en la realidad acomodaticia del jardín. La fotografía, sometida al ángulo de visión del artista, quizás no pueda evitar registrar demasiado, pero implica selección, intervención de la imaginación del fotógrafo.

El jardín de Lunuganga Sri Lanka), uno de los más bellos del mundo, al cual Jakob le dedica el último capítulo de su libro.

El jardín de Lunuganga (Sri Lanka), uno de los más bellos del mundo, al cual Jakob le dedica el último capítulo de su libro.

Si bien se dice que el cine es otra cosa, que es movimiento, que la cámara va registrando, paso a paso, el recorrido del jardín, lo cierto es que aquel que observa el film lo ve a través del ojo de una cámara que es a la vez el ojo del camarógrafo. Somos llevados de la mano del artista.

Todas estas manipulaciones del jardín gracias al arte pueden verse como intentos del artista de traernos la imagen del jardín: una imagen que se busca sea representativa de un todo inatrapable. Pienso como Jakob cuando afirma que el arte no puede atrapar el jardín y que cada imagen representa la fuga de la esencia del lugar. Reducir el jardín a un escenario humano ya es hacerle trampa al jardín, si bien lo hizo alguien para sentirse dentro de él.

Y es que cada intento del arte de traernos el jardín ante la vista está destinado a perderse. No sólo porque el jardín ya era una construcción no-natural, porque constantemente crece y se mueve y se desordena, porque vive y se alimenta del recorrido de nuestra mirada, y porque no podemos evitar —parece— pensarlo como otra cosa: paraíso, lugar de retiro, símbolo del tiempo, de la fragilidad de la vida, y de una belleza efímera.

Aunque Jakob es prolijo en explorar las expresiones de arte que asedian el jardín, termina diciendo que para ver el jardín hay que estar en el jardín y que, si tienes suerte, el jardín se dejará ver.

literatiur@gmail.com

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