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Como si fuera una biblioteca de bolsillo, este librillo nos aporta la inagotable lección de Hostos que apuntala su ideal de una persona integral.

PARA TODOS LOS DÍAS: HOSTOS. Eugenio María de Hostos. San Juan: ICP (2012).

PARA TODOS LOS DÍAS: HOSTOS. Eugenio María de Hostos. San Juan: ICP (2012).

Por Lilliana Ramos Collado

Los refranes son nódulos apretaditos de inteligencia popular. Desde tiempo inmemorial, han sido la primera escuela de la humanidad al darnos el mundo en una gota de agua. Los aforismos, parientes cultos de los refranes, hacen lo mismo al traernos, en trocitos de lenguaje, el saber de los sabios. Tomados de textos mayores, los aforismos marcan momentos cumbres en la sabiduría de un autor capaz de resumir su largo saber en breves palabras.

Nuestro Eugenio María de Hostos es uno de esos grandes que podían recoger su pensamiento en frases breves. Para todos los días: Hostos, publicado originalmente en 1987 por el Instituto de Cultura Puertorriqueña en celebración del Sesquicentenario de Eugenio María de Hostos (1839-1989), ha tenido un éxito tal que ha corrido más de diez ediciones. Los lectores han encontrado en este tomito de bolsillo una sabiduría abreviada en aforismos ordenados por tema para rápido acceso al pensamiento hostosiano.

Como si fuera una biblioteca de bolsillo, este librillo nos aporta la inagotable lección de Hostos que apuntala su ideal fundamental: la formación de una persona integral, “completa”, verdaderamente cosmopolita, que se siente en su casa entre los diversos saberes y en la vasta y abigarrada geografía cultural, moral y social de nuestro planeta. Su idea de educación: vehicular, para todos, un legado universal, en su complejidad y en su frecuente y tensa incompatibilidad. Ordenar los saberes es una tarea ingente que parece ingrata al que la emprende, pero que resulta grata y bienvenida a aquellos que la reciben como legado, para continuarla en el eterno relevo de la carrera hacia el conocimiento.

Nos dice Hostos: “Ser niño de corazón, adolescente de fantasía, joven de sentimiento, en la edad de la madurez temprana, en lo que quiero llamar la edad científica, ser armonía viviente de todas nuestras facultades, razón, sentimiento y voluntad movidos por la conciencia, ser capaz de todos los heroísmos y de los sacrificios, de todos los pensamientos y de todos los grandes juicios, y poner en todo aquella sinceridad, aquella verdad, aquella realidad del ser que sólo de ese sentimiento trasciende; ser, finalmente, un mediador entre el racionalismo excesivo, no por racionalismo, sino por absorber en él todas las demás actividades independientes y necesarias del espíritu, y entre el pasionalismo de los que creen que todo lo hace la pasión, eso es lo que llamo yo ser hombre completo, eso es lo que practico.”

Según Hostos, esta persona “completa” es la variedad en la unidad como “principio aunador del mundo: ese es el ordenador del universo.” La apertura a la diferencia, el saludo entusiasta a una sabiduría heterogénea, es el fundamento sin el cual no estaremos listos para encarar la diversidad enorme, torrencial, de lo social en perenne cambio. La persona hostosiana debe ser interdisciplinaria, múltiple, diestra en los diversos lenguajes del saber.

La “ciencia de la pedagogía” es “la ciencia de la educación, no la ciencia de la enseñanza; la ciencia de la dirección mental, no exclusivamente de la razón; la ciencia de la dirección que abarca la cultura general y no tan solo la instrucción. Es la pedagogía ciencia del encaminamiento de las funciones de la mente.” Por eso, “no basta enseñar conocimientos, hay que enseñar a adquirirlos; no basta dar ciencia hecha; es necesario enseñar a formarla; no basta sujetarse y sujetar a la enseñanza en un método; es necesario enseñar a manejarlo. En una palabra: no basta enseñar a conocer; hay que enseñar a razonar.”

Hostos nos invita a ser maestros los unos de los otros como actividad esencial del individuo en sociedad. Nos insta a aprender a pensar y a educar para pensar, y a ir de lo general del pensar a lo particular del hacer, pues no debe haber pensamiento sin acto. “Pensarhacer” es un deber diario, de modo que la educación nunca se agote y nunca termine. Y por eso es tan importante llevar a Hostos diariamente en el bolsillo: para tenerlo a la mano.

[Esta reseña fue publicada originalmente en El Nuevo Día el 2 de febrero de 2014]