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Siempre me sorprende algo que Sotomayor hace una y otra vez: renuncia a la clasificación fácil para hacer justicia a un panorama literario demasiado ancho y demasiado complejo, honrando esa amplitud y esa complejidad.

RED DE VOCES: POESÍA CONTEMPORÁNEA PUERTORRIQUEÑA. Áurea María Sotomayor . La Habana: Casa de las Américas (2011).

RED DE VOCES: POESÍA CONTEMPORÁNEA PUERTORRIQUEÑA. Áurea María Sotomayor . La Habana: Casa de las Américas (2011).

por Lilliana Ramos Collado

De regreso de la Feria del Libro de La Habana, unas queridas amigas me trajeron de regalo la más reciente antología de poesía puertorriqueña contemporánea. Compilada y prologada por Áurea María Sotomayor y publicada por el prestigioso Fondo Editorial Casa de las Américas, viene a ser un nuevo hito en la abigarrada bibliografía de esta excelente escritora boricua cuya producción poética ingente y extraordinaria va de la mano con aportaciones críticas indispensables, por ejemplo, su tomo titulado Hilo de Aracne. Literatura puertorriqueña hoy (1995).

La nueva antología, comprimida en un tomo de más de 400 páginas, nos habla desde muchos lugares. La cantidad de autores da al tomo un peso físico notable: una infiere que hay mucha producción poética en Puerto Rico si considera que lo que trae este libro es sólo una muestra.

El tomo cabalga sobre antologías anteriores de poesía puertorriqueña “contemporánea”: Sotomayor cita unas cuantas para recordarnos que hay más antologías de poesía puertorriqueña reciente, que antologías de otros momentos de nuestra (breve) historia literaria. Y esto porque los autores de la promoción de 1970 han fungido además de importantes críticos y antólogos que se han ocupado de comentar con enjundia la obra de sus coetáneos.

En el prólogo —de una lucidez y una agudeza que ya conocemos (y esperamos) de Sotomayor— la autora atiende apretadamente la diversidad y dispersión de estas 24 “voces”. Contrario a la Aracne del mito, Sotomayor crea una red que no aspira a clasificar a los autores en unos pocos nichos anquilosantes: prefiere provocar lo que José María Lima llamó una vez “atrechos por el extravío”, para urdir, página tras página, un enredillo deshilachado, rico en colores, tonos, y propuestas poéticas.

Siempre me sorprende algo que Sotomayor hace una y otra vez: renuncia a la clasificación fácil para hacer justicia a un panorama literario demasiado ancho y demasiado complejo, honrando esa amplitud y esa complejidad. Según el prólogo:

“El recorrido particular que propongo aquí rinde el propósito de mostrar, repertoriar, exhibir, una gama heterogénea de poetas que no se adhieren a ninguna escuela ni poética particular… Mi intención es que, a medida que progresa la lectura, los lectores reconozcan énfasis, alusiones, temas, modos, que se van desprendiendo de cada voz en el conjunto del coro que componen. La canción a  escuchar alberga un hermoso contrapunto de ‘arma’ y ‘ala’, una singular aleación donde cada voz concurre en el entramado de un solo tapiz constituido por poéticas heterogéneas que discurren por un mismo derrotero, aun cuando sus coordenadas poéticas difieran.”

Aurea María Sotomayor. Foto por Neysa Jordán.

Aurea María Sotomayor. Foto por Neysa Jordán.

El prólogo, a la vez breve y ambicioso, terso y, también, arrugado de alusiones e interlineamientos, va proponiendo con una elocuencia contenida cómo cada poeta se aviene y a la vez desafía una secuencia histórica o una postura coyunturalmente hegemónica, para provocar vericuetos en el tapiz y una “polifonía salvaje” en el coro.

Si bien la antología arranca desde (y privilegia a) la promoción de 1970, el orden reta la cronología usual: por ejemplo, incluye en la promoción a Ángela María Dávila (usualmente considerada “sesentosa”) y reinventa para esta promoción un orden que tiene que ver con los respectivos procesos de maduración de los autores y su presencia temporal, a contrapelo de las tendencias políticas y poéticas (como es el caso de Hjalmar Flax y Elizam Escobar). Las omisiones son tan elocuentes como las inclusiones, y parecen predicadas en la voluntad de no cardar demasiado el hilo deshilado que forma esta red.

Ángela María Dávila, José Luis Vega, Hjalmar Flax, Olga Nolla, Áurea María Sotomayor, Ivonne Ochart, Joserramón Melendes, Lilliana Ramos Collado, Rosario Ferré, Vanessa Droz, Rafael Acevedo, Manuel Ramos Otero, Elizam Escobar Eduardo Nieves Mieles, Juan Carlos Quintero, Urayoán Noel, Guillermo Rebollo-Gil, José Raúl González, Chloé Georas, Noel Luna, Irizelma Robles, Mara Pastor, Sylvia Figueroa y Juan Carlos Rodríguez conforman este universo selectivo y representativo de la variedad de nuestra poesía de los últimos 40 años. ¡Bienvenido sea!

[Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día el 2 de marzo de 2014.]

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