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Por Lilliana Ramos Collado

La reseña breve es un reto casi abusivo. Al terminarlas me duelen los dedos y el cerebro. ¿Cómo apretar en 250 palabras todo lo que hay que decir de un buen libro? ¡¡¡Uff!!! Aquí van siete cápsulas literarias publicadas en El Nuevo Día durante el año pasado.

Instantáneas

Confesionario

La confesión está de moda. Nada que ver con San Agustín, la Dama Nijo, Rousseau, Neruda, o Belia Segarra. Pasaron 1,200 años entre las Confesiones japonesas de Nijo y el Confesionario puertorriqueño de Segarra, pero ambos textos rechazan el exhibicionismo caricaturesco y trendy del strip-tease del alma.

Según la filósofa María Zambrano en La confesión: género literario (1943): “La confesión es salida de sí en huida. […] Amarga dualidad entre algo que en nosotros mira y decide, y otro, que llevando nuestro nombre, es sentido extraño y enemigo.” Segarra propone: “más allá de sí mismo casi a los cincuenta / la vida se parece tanto al tétano”.

Belia Segarra. Confesionario. Editorial Identidad (2012).

Belia Segarra. Confesionario. Editorial Identidad (2012).

La confesión examina la víscera humana, no para derramar las obscenas entrañas del yo y embelesarse mirándolas, sino para arrancárselas, seguir andando, y así poder ser otro del que se era. Sin alumbramiento de la conciencia, sin cambio de vida, no hay confesión. En la áspera poesía de Segarra, “se siente extraño y forastero viento canguro / describir este desintegrado espectáculo.” Segarra no quiere asombrar ni asombrarse, sino triunfar sobre esa sombra aniquilante.

En este espléndido Confesionario, la escritura es la salida de sí para dejar atrás a la Otra —extraña y extranjera— atrapada en el papel. La poeta se reescribe con “trozos de tintas y letras” que delatan “los mínimos ruidos del error silenciado a golpes.” Para no silenciar el error, abrazará la voluntad de diálogo de las palabras mismas para fugarse hacia la comunidad. Claro, Belia Segarra no es trendy. Cambiemos la moda.

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Verdades literarias

Releyendo la entrevista a una prostituta de La Perla en el famoso estudio antropológico de Oscar Lewis titulado La vida. A Puerto Rican Family in the Culture of Poverty (1966), detecté en sus palabras el tono ficticio de las novelas radiales que escuchaba mi mamá cuando yo era niña. Comprendí que, al contar su historia, nadie escapa de hacer (buena o mala) literatura.

Diario de una puta humilde, de Acevedo, pormenoriza las actividades de un prostituto gay —presumiblemente el autor— siendo estudiante universitario. Oscilando entre la realidad cruda y la estrategia literaria, el narrador nos explica sus preferencias, fantasías, aventuras reales y deseadas, fallos, vergüenzas, hastíos. El detalle abundante trae el libro al paradigma de lo real: en el detalle reconocemos la supuesta diferencia entre la literatura y los llamados “géneros históricos menores” como la memoria, el diario, la carta y la autobiografía.

DIARIO DE UNA PUTA HUMILDE. David Caleb Acevedo. San Juan: Erizo Editorial (2012),

DIARIO DE UNA PUTA HUMILDE. David Caleb Acevedo. San Juan: Erizo Editorial (2012),

Al examinar los parecidos entre el Diario de Acevedo, la novela Fanny Hill. Memoirs of a Woman of Pleasure, de John Cleland (1758) y los relatos de Junot Díaz, vemos que la confesión erótica no ha cambiado mucho en doscientos años. Acevedo, todavía busca intranquilizar al lector con descripciones prolijas y desenfadadas de la sexualidad, presentar situaciones que escandalizarían a la sociedad “normal”, hacer reír al lector con escenas de la guerra entre los sexos (gay vs. hetero), y cuestionar, directa o indirectamente, la ridiculez timorata del establishment sexual. Acevedo logra su cometido con su prosa tersa, su amor por el detalle, y un humor cínico, ninguno de cuyos gestos escapa de la (buena) literatura.

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Hacia el cuerpo inmaculado

Sobrevivir la enfermedad es lo que narra Galactic Vision, tomo alucinante de la artista puertorriqueña Catherine Matos Olivo. Páginas y páginas llenas de manchas, fotografías manipuladas, dibujos digitales, mapas, bocetos, espacios en blanco o en negro conforman un album/diario que recoge la experiencia de su tratamiento contra el cáncer. Matos convoca el imaginario de una cura dolorosa, desconcertante, presentándonos las materias en su imagen.

Con ensayos introductorios de Mercedes Trelles, Valerie Pintado Hernández y Brenda Alejandro, el proceso de representar visualmente la visceralidad del cáncer es asediado desde la crítica de arte, la psicología, y la performatividad del cuerpo enfermo y su huella artística.

Galactic Vision. Catherine Díaz Olivo. San Juan: Colección Maravilla (diciembre 2011).

Galactic Vision. Catherine Díaz Olivo. San Juan: Colección Maravilla (diciembre 2011).

Es el estrago de la enfermedad lo que de muchas maneras es mimetizado en las imágenes generadas por Matos. Nos dice Brenda Alejandro en su excelente ensayo: “Mientras las imágenes de despliegan y transforman, veo un cuerpo desechado (el de ella) como un territorio desenterrado. Veo una corporeización de un mapa inevitablemente marcado por latitudes heridas. Veo una artista cuyo retrato de un viaje irreemplazable es tan patológicamente instintivo y necesario como la supervivencia misma”.

Varias imágenes devienen icónicas: el lecho de enferma, el rostro hinchado, los ojos hundidos, pelucas, cielos de papel, efectos de maquillaje… la repetición va creando una especie de “flipbook” gigante que nos devuelve una y otra vez al desconcierto de un cuerpo que batalla contra sí mismo. El constante recurso a la mancha nos habla de lo informe que se transforma y que busca recapturar, mediante una “visión galáctica”, el perdido cuerpo de la salud, el humano cuerpo inmaculado.

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Diccionarios, decálogos y otras pedradas

En el origen temí otra confesión intransferible, como esas que abundan sin llegar a ser literatura. Pero pensé que un título tan ingenioso como Salvahuídas traería sorpresas, y así fue. Estamos ante un texto rico y diverso que narra con humor profundo y retante las complejas y variadas experiencias de una mujer que, entrando en su primera madurez con un primer libro, se enfrenta a un mundo absurdo.

El ímpetu mayor de la autora es re-apalabrar la experiencia y construir nueva legislación para la vida. De ahí los diccionarios y los decálogos, y el constante asedio de conceptos súper trillados como la divorciada, la madre, la hija. Su afán de revisarse es tal que incluye uno de sus poemas en versión original (ingenua) y en versión final, donde no sólo corrige la letra del poema sino el espíritu de la vida a la que se refiere.

Salvahuídas. Carmen R. Marín. Río Piedras: Erizo Editorial (2013).

Salvahuídas. Carmen R. Marín. Río Piedras: Erizo Editorial (2013).

Los ritos poéticos de su tránsito desde una juvenil ingenuidad desarmante hacia una agudeza de ingenio brutal y gran certeza me invitaron a leer este libro varias veces para seguir descubriendo maneras de leerlo. Los poemas son extremadamente rítmicos, y la variedad léxica permite a la autora a acercarse a intimidades difíciles: habría que atenuar el tono confesional para no dispendiar la efectividad literaria. Tiene que ser así, pues el cambio de rostro de esta voz que va evolucionando rápidamente a golpes de experiencia requiere que el lenguaje —leal al trauma, al sueño y a la revelación— la lleve desde la mudez esclava hacia una poesía que lo que ha salvado es, precisamente, la huída feliz, libertadora.

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Tegucigalpa

Un primer libro implica lanzarse al vacío demasiado lleno que es nuestra literatura. Como escribir está de moda, y con lo fácil que se nos hace hoy publicar, cadacual y cadacuala pueden publicar cualquier libro en cualquier momento y por cualquier razón. Por eso me veo obligada a hilar fino, a escoger. No todo libro es un libro.

Por eso me ha capturado el primer libro de Jiménez-Vera, Tegucigalpa. A pesar de la brevedad de los textos que reúne, en él parece sumirse, de cuerpo entero, la literatura universal, pero sin pretensiones. Sin showing off. Querido lector, si no te das cuenta de las citas, el libro nada pierde, y tú tampoco. Este libro acoge, pues, a un lectorado diverso. Y eso, en sí, es algo que celebrar.

Cindy Jiménez-Vera. Tegucigalpa. San Juan: Editorial Erizo (2013).

Cindy Jiménez-Vera. Tegucigalpa. San Juan: Editorial Erizo (2013).

Si son micro-relatos, ideas para novelas, chistes crueles, ensalmos, bocetos para guión de cine, o simples caprichos —como aquellos horribles y geniales de Goya— su ascendencia es larga y entusiasta. La novel autora saquea y acaricia los modos narrativos de Borges, Cortázar y Macedonio con el desparpajo del que lee desde nuestra pequeña isla rodeada de perplejidad por todas partes. Lo importante es que trata de la magia transubstanciadora de Tegucigalpa —la hija de un mago— que, al llevar el nombre de la capital de Honduras, nos hunde en el circo de trucos de las tradiciones dislocadas de la literatura universal.

Este libro se lee en un santiamén, pero se queda dando vueltas en la mente. Y claro, te volverá loco, lector querido. Te lo prometo.

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De diccionarios y otros ecos…

Acaso, pienso yo, esta nueva fiebre del diccionario apunte a una ansiedad, a una deficiencia, o quizás a una rigidez: la de la lengua. Sí. Pienso en la lengua publicitaria, en esa manía que traen los muchachos a la universidad: comenzar cada ensayo o monografía con una referencia al diccionario. Como si esa dura definición pudiera aclarar, controlar, reprimir, el movimiento infinito de las palabras.

Delgado, para hacer estallar el lenguaje, decide reformular definiciones. Su método: derivar un poema de cada una de varias palabras, dejar a la deriva una referencia, y soltar las amarras del sentido. El resultado es de esperarse: el caos de la metáfora invade cada referencia, y este ambular fuera de ruta nos hace sospechar, de inmediato, de la seguridad que transmiten el DRAE o el María Moliner.

El eco de las formas. Nicole Cecilia Delgado. San Juan: Erizo Editores (2012).

El eco de las formas. Nicole Cecilia Delgado. San Juan: Erizo Editores (2012).

Sobresalto, grito, rumbo, espasmo, sombra, cansancio, calaña, azar, oráculo, hombre son algunas de las palabras que en este libro se verán dislocadas por el proyecto errabundo de la autora, su gesto de “des-definir” para poder “re-definir” y, así, desatar el lenguaje y hacerlo nuevo “de nuevo”, y valga la redundancia.

El último poema del libro, titulado “hombre nuevo” implica que, para una nueva humanidad, necesitamos un lenguaje nuevo, pues —bien lo sabemos— las mismas palabras  —con los mismos sentidos que ostenta el diccionario— pueden seguir hablándonos de las mismas cosas y de las mismas actitudes y del mismo mundo.

Aunque, quizás sí necesitemos el diccionario como mapa para no andar tan perdidos, pero hace falta perderse para encontrar, por ejemplo, otra cosa.

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De identidades y elefantes

Esta pieza teatral enfoca las perplejidades de un mundo desmemoriado donde los protagonistas deben mediar con una ingente invasión de elefantes. Animales memoriosos, los elefantes están ahí, invitando a la comunidad humana a ordenar su pensamiento y plantearse serias cuestiones de identidad.

Evidente alegoría, La memoria de los elefantes parece cuestionar —entre burlas y veras— el estado de una sociedad sin historia, fuera de lugar y carente de lugar donde afirmar identidades construidas individual o colectivamente. Con una base fuerte en conceptos como “comunidad imaginada”, de Benedict Anderson, la autora va trabajando, mediante un diálogo espasmódico, los hoyos negros de la no-identidad, hacia dónde se vive y por qué. Es importante esta incoherencia en la lógica del diálogo, que en muchas instancias nos recuerda los “monólogos a dos voces” típicos de Samuel Beckett.

LA MEMORIA DE LOS ELEFANTES. Kisha Tikina Burgos. Cabo Rojo: Editorial de Educación Emergente (2013).

LA MEMORIA DE LOS ELEFANTES. Kisha Tikina Burgos. Cabo Rojo: Editorial de Educación Emergente (2013).

Se trata de un tiempo vacío que permanece sin otro acontecimiento que la presencia de los elefantes y el diálogo absurdo entre los personajes, quienes apenas sienten que el tiempo pasa. La propia desmemoria les ha hecho olvidar que los elefantes son el lugar de la memoria, y que aprender a comunicarse con ellos, aprender su lenguaje, podría devolverles la razón de ser en sociedad.

“Salomón, me siento tan estéril como las tierras que llamamos país,” dice la reina Olivia a su esposo Salomón. Y al final, la reina abandona su país. En su último parlamento, sólo recuerda sentir su estómago. Buen comienzo el de esta obra que nos propone que, en caso de desmemoria, el cuerpo es buen lugar para comenzar a recordar.