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Writing Secrecy in Caribbean Freemansonry. Jossianna Arroyo. Nueva York: Palgrave (2013).

Writing Secrecy in Caribbean Freemansonry. Jossianna Arroyo. Nueva York: Palgrave (2013).

por Lilliana Ramos Collado

La crítica escrita por mujeres ha asumido una voz “íntima”. En las introducciones de importantes ensayos, las estudiosas han decidido comenzar explicando cómo, al hurgar en el arca de los saberes prohibidos, han traído a la luz un ángulo “secreto”.

Como la famosa esposa de Barbazul, la nueva estudiosa asume el riesgo ominoso de lo reprimido, y lo narra desde el comienzo de su texto. La escena primitiva: en un baúl cerrado la estudiosa encuentra un manuscrito antiguo cuyo contenido revuelca el orden del conocimiento. Su tarea parte del desafío a lo consabido, del golpetazo que busca quebrar el muro patriarcal de la Academia. El método es simple. La estudiosa expresa abiertamente su punto de vista singular y subjetivo, y abre su pecho a las inevitables heridas del debate letrado.

Esta insistencia en la singularidad de su postura se enfrenta a las posturas universalistas que la teoría cultural asume. Y en este mundo, que urgentemente necesita aceptar y promover las singularidades del margen, las nuevas estudiosas hacen su parte con sagacidad y entusiasmo, valentía y gran ingenio táctico.

Así, Jossianna Arroyo —al dar con “the book in the closet” que pertenecía a su abuelo masón—se hunde en las oquedades de una actividad política, en general negada, y en particular susurrada por lo bajo: la masonería, cuya popularidad aquí fue innegable, si bien la fascinación por ella se basó, precisamente, en su secretividad. Hermosa paradoja: guardar un secreto para promover la luz de la “razón”.

Arroyo nos advierte que el “secreto masónico” guardaba identidades personales, pero que las frecuentes publicaciones de los diversos grupos obligaban a pensar en un “secreto que no es tan secreto”. Esa ambigüedad los hizo pasto de un imaginario colectivo que dio al gesto masónico una gran notoriedad. La masonería fue y es, pues, una actividad paradójica cuyo secreto le ganó una gran visibilidad.

Es importante recordar también que la masonería fue siempre una cuestión de hombres, cofradía conspiradora que buscaba “el bien para la Humanidad”, hija del “Siglo de las Luces” que en nuestra América proliferó bajo la forma variopinta de las “Sociedades de Amigos del País”. Filantrópica y secreta, racional y a la vez esotérica, masculina en su matrícula aunque dedicada a labores femeninas de buscar justicia para el desvalido, la Logia masónica se nutrió siempre de sus vistosas paradojas.

Una vez descubierto el libro en el armario, Arroyo comienza a indagar, en primer término, el sentido del secreto y sus ramificaciones sociales y políticas. Lo hace desde una “política de los afectos” como gesto conspirativo que guarda, sobre todo, una “razón afectiva” comunitaria que se va cocinando en el Caribe a mediados del siglo XVII, comenzando por las colonias inglesas y francesas, en imitación de las respectivas metrópolis.

Desde ahí, Arroyo se mueve a investigar su proliferación al desplazarse entre el Caribe y los Estados Unidos, para indagar, en gran detalle, en las vidas masónicas de cuatro intelectuales (hay que leer el libro completo para saber quiénes son, pues Arroyo nos va revelando poco a poco sus protagonistas…) que resultan ser modélicos y que vertebran la narrativa de este texto sabroso que describe un periplo que la lleva a La Habana, San Juan, Port au Prince, Jacmel, St. Thomas, Luisiana, Nueva York…, lugares que de muchas maneras, según Arroyo, “ofrecían acceso a las culturas mundiales y fueron con frecuencia lugares de conspiraciones políticas.”

El libro, ordenado cronológicamente, va siguiendo el itinerario de la masonería en el Caribe, cómo gana adeptos e impacta a la sociedad: este libro sigue la ruta del contagio. Su rica erudición nos atrapa con su narrativa llena de recovecos y hallazgos insospechados. El final es buen ejemplo: en 1993, durante la Guerra del Golfo, el Sargento Pedro Jiménez, boricua, escuchó hablar a dos camaradas sobre la masonería. La experiencia de injusticia contra latinos y afroamericanos en el ejército conmovió su fibra moral. Esa misma noche se inició en el rito masónico. La masonería boricua está, pues, vivita y coleando…

[Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día el 23 de diciembre de 2013]