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Lilliana Ramos Collado
Directora Ejecutiva
Instituto de Cultura Puertorriqueña

Rafael Tufiño, La plena (1952-1954).

Rafael Tufiño, La plena (1952-1954).

Un país es rico por sus tradiciones, que de muchas maneras mantienen un ideario común entre los diferentes sectores de un pueblo. Pero también un país es rico en la medida en que sigue dando la bienvenida a nuevas tradiciones que encauzan la creatividad colectiva y le preparan para estar a la altura de su tiempo. Hoy vengo hablar de una vieja tradición, y también de una nueva.

Rafael Tufiño, a quien dedicamos la Campechada 2013, tuvo buen ojo para registrar las preocupaciones de nuestra gente en obras inquietas, deslumbrantes, que capturaron la imaginación de sus contemporáneos. Pero fueron las costumbres y los ritos populares los que llamaron su atención, pues vio en ello la trama memoriosa de los eventos colectivos, que se manifestarían en diversos portafolios y pinturas. El mural en gran formato titulado La plena (1952-54) comenzado cuando el artista tenía apenas 30 años, fue una de esas obras alucinantes que recogen el énfasis del pintor en nuestra mitología popular. Para el Tefo, como le llamaban sus amigos, esta mitología decía más de los deseos y los proyectos de nuestro pueblo que las fotografías y las descripciones de la cotidianidad. El Tefo prefirió —en este mural que serviría de escenografía de la película La Plena, de Amílcar Tirado para la División de Educación de la Comunidad— dedicarse a nuestra imaginación colectiva más que a nuestra materialidad cotidiana.

Al celebrar el apego de Tufiño a nuestra tradiciones según expresadas en las plenas populares, celebramos también una nueva tradición: La Campechada. Lanzada en 2011 por el Instituto de Cultura con la colaboración del Museo de Arte de Puerto Rico, y con la ayuda del Municipio de San Juan y de una enorme diversidad de agencias públicas. El ICP ha establecido una nueva tradición anual: la celebración, por la comunidad entera, de la obra de nuestros grandes artistas. La primera fue dedicada a la obra de José Campeche —y de ahí el nombre de La Campechada—; la segunda fue dedicada a la obra de Francisco Oller, nuestro pintor más característico. Hoy, para cimentar esta tradición celebratoria, se la dedicamos a Rafael Tufiño. Entre estas viejas y nuevas tradiciones, el ICP abre la puerta a una valoración cabal de nuestro Tefo, y al disfrute de su trabajo y de las plenas que dieron pie a su gran mural, gracias a la colaboración de destacados artistas y de agrupaciones artísticas que, en su homenaje, nos pondrán al día en el arte, la música, la danza, el performance, el teatro y el cine.

Para hermanar viejas y nuevas tradiciones, celebramos hoy también la idea de museo como casa del arte siempre abierta al público, y el compromiso de los museos con la preservación de las obras en condiciones óptimas con la develación, nuevamente, del mural de Tufiño, luego del impecable trabajo de restauración que asumieron el ICP y el MAPR, en cuyo laboratorio de preservación de obras de arte se llevó a cabo la resdtauración. Las nuevas tradiciones museales dedicadas a mostrar las obras de nuestro pueblo en colgadas imaginativas, y las nuevas tradiciones de preservación de nuestras grandes obras se dan la mano con las viejas tradiciones de la pintura, y con las aún más antiguas tradiciones de nuestra música popular. De modo que, en esta Campechada celebramos no sólo la obra del Tefo, sino nuestra capacidad para mantenerla en condiciones óptimas para disfrute de nuestra gente y para asegurar nuestras generaciones futuras puedan seguir apreciándola.

Sin memoria no hay modo de subsistir en comunidad, y sin renovación tampoco. Seguiremos abriendo el espacio para nuevas tradiciones que traigan a cuento nuestras viejas tradiciones. No hay pasado sin presente, y no hay futuro sin memoria. De eso se trata La Campechada. Y a ella damos la bienvenida a todos ustedes.

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