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por Lilliana Ramos Collado

El texto de Cabrera busca exaltar la figura de Roberto Cofresí como líder, como forajido honesto tipo Robin Hood, como hombre de familia, como amante delicado y como crítico del régimen español en Puerto Rico.

Cofresí. Adaptación por Pablo Cabrera del libreto original de Gustavo Palés Matos para la opereta de Rafael Hernández (2012). Telón de fondo por Antonio Martorell.

Cofresí. Adaptación por Pablo Cabrera del libreto original de Gustavo Palés Matos para la opereta de Rafael Hernández (2012). Telón de fondo por Antonio Martorell.

Para mí, la idea de “publicación” hizo crisis hace muchos años, cuando me tropecé en Strand, la librería de viejo más espléndida de Nueva York, con un tomo que contenía el guión del film “Ninotchka” (Ernst Lubitsch, 1939), acompañado de cientos de fotos donde relumbraba el rostro de Greta Garbo. Desde entonces he comprado varios guiones: algunos de François Trouffaut (“Jules et Jim”, “Les 400 coups”), uno de Jane Campion (“The Piano”), uno de Agnes Vardà (“Clèo de 5 à 7”)… también algunos libretos de opera y algunas partituras de canciones de arte, frecuentemente dotados de traducciones prolijas al inglés o al español.

Desde que adquirí el guión de “Ninotchka” en 1974, comencé a preguntarme: ¿publicar el guión de un film? ¿para qué? ¿acaso no bastaba escuchar la banda sonora con la improbable conversación de una Garbo rusa enviada por el gobierno soviético a recuperar unas joyas robadas que debía vender el nuevo régimen para ayudar a la joven nación socialista? Me di cuenta de que valoramos poco el sustrato textual del cine y de las obras musicales —sean de Broadway, sean del más allá, es decir, de la música llamada “clásica”—. El que tuvo el chance de ver a “Hamlet” en el Globe en tiempos de Shakespeare seguramente no tuvo el libreto en la mano. Y siempre pienso que, probablemente, no entendió ni jota. ¿Acaso no nos pasa lo mismo cuando asistimos a una noche de ópera para escuchar el “Don Giovanni” de Mozart en el libreto italiano original de da Ponte? Ni jota, sin considerar que las palabras de ese libreto son esenciales para comprender lo que ocurre entre el bandido don Juan y la pícara Zerlina.

En suma, las palabras son tan importantes como las imágenes y la banda sonora de un film, así como las de una ópera u opereta. Por eso hoy le dedico mi reseña al libreto de “Cofresí”, la recién recuperada opereta de nuestro Rafael Hernández.

La hermosa opereta, recientemente repuesta por la Universidad Interamericana de Puerto Rico en celebración de su centenario, que está al borde de un Grammy latino por música “clásica”, y que cuenta con un elenco estelar respaldado con una producción impecable lanzada hace pocos meses, en su origen ponía en escena una historia apalabrada con un libreto de Gustavo Palés Matos —hermano del autor de los versos a Filí Melé. La reposición cuenta ahora con una adaptación de Pablo Cabrera que reorganiza la historia, estetiza substancialmente los episodios, los personajes y los escenarios, mejora también substancialmente, la eufonía de los versos de las canciones, y añade drama al final con la muerte del pirata Cofresí.

Ver y comparar los libretos de esta opereta nos permite catar el avance de la forma del libreto en Puerto Rico, el desarrollo del teatro musical en nuestra isla, y la mayor conciencia literaria en la redacción de estos textos, tanto de los parlamentos hablados como de los temas cantados.

El texto de Pablo Cabrera va más allá del texto de Gustavo Palés Matos, pues se fija en la solución de continuidad de una trama que originalmente aparecía entrecortada, espasmódica, y que carecía casi totalmente de verosimilitud. Es decir, Cabrera rescata la narrativa de la opereta, de modo que la partitura y las canciones tengan más sentido y secuencia. De hecho, el texto de Cabrera le da a la pieza una cierta altura operática, más allá del cuanto lacrimoso y de la payasada bufa típicos de la opereta tradicional.

Evidentemente, el texto de Cabrera busca exaltar la figura de Roberto Cofresí como líder, como foragido honesto tipo Robin Hood, como hombre de familia y buen hermano, como amante delicado y como crítico del régimen español en Puerto Rico. No estamos ante el pirata individualista de José de Espronceda, ni ante los piratuelos kinky de Walt Disney, sino ante una gesta de talante político que nos obliga a replantear, desde las palabras mismas, la banda sonora de la libertad.

[Publicado en el Nuevo Día el 10 de noviembre de 2013]

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