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Este libro fascinante requiere valentía, paciencia, la persistencia que nos tratan de enseñar l@s que narran estas historias.

Espacios de color cerrado. Vanessa Vilches Norat. Libros El Navegante, Inc. bajo el sello de Ediciones Callejón (2012).

por Lilliana Ramos Collado

Escribir cuentos es una cosa. Escribir un “libro de cuentos” es otra. Lo hemos aprendido leyendo libros como Terrazo, de Abelardo Díaz Alfaro; Cuentos para fomentar el turismo, de Emilio S. Belaval; En una ciudad llamada San Juan, de René Marqués; En cuerpo de camisa, de Luis Rafael Sánchez; La familia de todos nosotros, de Magali García Ramis; Papeles de Pandora, de Rosario Ferré; El cuento de la mujer del mar, de Manuel Ramos Otero; La belleza bruta, de Francisco Font, Ojos de luna, de Yolanda Arroyo Pizarro, y Mundo cruel, de Luis Negrón, entre muchos otros libros de cuentos construidos deliberadamente como un todo por sus autor@s.

¿Por qué algunos escriben cuentos separados de un corpus mayor, y otros prefieren producir un libro “coherente”? Quizás sea una cuestión del “momento propicio”: hay quienes escriben cuentos coyunturalmente, cuando el texto puede tener cierto efecto en el medio literario debido a algún contexto singular social o político. O el autor o la autora quizás prefiere seguir reinventando su estilo y su temario. Hoy, l@s que publican en la red entran en un medio que se renueva cada día, y ell@s también deben renovarse casi diariamente. Los cuentos sueltos son difíciles de ordenar después en forma de libro, y el autor o la autora termina colocándolos cronológicamente.

L@s que se preocupan por el “libro de cuentos” desean construir un sentido complejo entre lo estilístico y lo temático; aparecer en su libro “de cuerpo entero”, pues proponen darnos un corpus entero. Los cuentos se apoyan unos en otros, van acumulando un universo complejo a través de cada cuento. El libro de cuentos se ha ordenado de antemano, y al estar más apretado, le permite al lector o a la lectora una lectura más “segura”.

Claro, valga aclarar que un buen libro es un buen libro, independientemente de que reúna cuentos sueltos o sea un libro de cuentos intencional, bien amarrado.

El libro de cuentos de Vanessa Vilches Norat, Espacios de color cerrado, maneja, como esencia narrativa, el gesto imponderable de su materia técnica: el quién narra, el orden de las temporalidades, el estado mental de quien narra y la incertidumbre acerca de sus capacidades narrativas. Si bien el sugerente título nos asegura que al menos encontraremos “espacios”, la frase “de color cerrado” nos lanza hacia el misterio: ¿se referirá a un color oscuro, o a la oscuridad del tema o de los espacios o de los personajes? ¿O se referirá al “color”, en el sentido antiguo de “retórica”, del cómo están narrados, cun cuáles qué técnicas y con qué voz?

Los pasadizos, las madrugadas, las madrigueras, los umbrales, las puertas o aperturas, el autorretrato, la memoria con sus archivos y sus insomnios —todos gestos intermediales, lugares de expresión indecisos o indefinibles— marcan estos cuentos con una ambigüedad que invita al lector y a la lectora a un constante desciframiento. Hay en l@s narrador@s una insistencia en alcanzar el sentido, pero sobre todo una convicción de que la realidad se les escapa, l@s derrota con un misterio insoluble. Los finales nos dejan ansiando más. Por sus retos, este libro fascinante requiere valentía, paciencia, la persistencia que nos tratan de enseñar las personas narrativas.

Debo decir algo esencial: éstos son lo que yo llamaría “cuentos teóricos”, fundamentados en una forma de interpretar el mundo o en una manera de expresarlo, cuya referencia es la literatura teórica misma. Vilches Norat pone a prueba a grandes teóricos del siglo XX: Derrida, Foucault, Michaud…, pero al lector no le pesa, pues tiene ante sí la sabia propuesta narrativa de que, en vez de explicar, hay que demostrar, con la propia narración, si la teoría es válida o no. Los cuentos son complejos, pero envolventes, y no le cierran la puerta a ningún lector.

“Pasadizo”, “Pasión de archivo”, “Desde el umbral”… son algunos de los cuentos de este libro que no sólo nos deleitan retándonos con la lectura, sino que nos enseñan a aceptar con gusto retos cada vez más grandes de la mano de una escritora que se conoce bien su oficio. De él Vilches Norat extrae preguntas estremecedoras sobre la memoria, la muerte, y los usos de la literatura.

[Esta reseña se publicó originalmente el 30 de junio de 2013 en el Suplemento ¡Ea! del periódico El Nuevo Día]

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