“La noche del triunfo de Sugar Ray Leonard sobre Roberto “Mano de Piedra” Durán estableció, en la ciudad más ruidosa del mundo, un espacio para la voz humana, si bien callosa e indistinta. Se desarrollaba el agón trágico entre gringos y latinos. La ciudad entera, espacio del drama cotidiano entre gringos y latinos, esperaba en vilo el resultado, seguía sin suspirar la dirección de los puños, bebía a grandes tragos, por las orejas, los gritos entusiastas de los locutores deportivos. Una ciudad callada respetó esa cháchara exaltada. Todo lo demás era estática. En la apoteosis del silencio neoyorquino, los gritos se elevaron con el estruendo de la herida bestia latina en medio de una jungla insondable.: la jungla de la ciudad.”

Bodegón con Teclado

por Lilliana Ramos-Collado

Dos memorias anclan mi relación con el ruido y la ciudad: el 25 de noviembre de 1980, caminaba hacia mi casa por la calle 23 en la ciudad de Nueva York, a eso de las 9:30 pm. Era una noche clara, pero singularmente desierta a una hora en que la ciudad solía ser todavía bulliciosa. Me desconcertó escuchar el eco de mis propios pasos, discernir claramente alguno que otro taxi en la distancia, y sentir vagamente el temblor del subway como ruido táctil entrarme por los pies. No había casi nadie en la calle.

Avanzando el tiempo, ya casi alcanzando la 5ta Avenida en dirección a Lexington, noté uno que otro transeúnte detenido mirando hacia arriba, hacia las ventanas que, me percaté ahora, estaban casi todas iluminadas. De ellas emanaba el sonido confuso de una conversación acalorada, intervenida por la estática típica de la televisión. La misma…

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