“Tengo que comenzar por lo más importante: la ciudad vive de su propia complejidad, de su imparable transformación. Se eleva sobre la destrucción y el desgaste paulatinos de la ciudad misma, pero esta destrucción es el signo de su propia pervivencia: sometida a las necesidades individuales y colectivas de sus habitantes y de la relación dialógica entre ciudad y entorno, la ciudad vive del cambio, y se manifiesta, más que como un lugar, como un proceso interminable de ajustes y reconsideraciones, de planificaciones e improvisaciones. Podría decirse, a fin de cuentas, que, más que un espacio, la ciudad es un espacio-tiempo, una coyuntura donde se vive el tiempo marcado en las erosiones sucesivas de las materias y los actos que posibilitan la ciudad. Pero sobre todo, la ciudad es lo que se dice de ella, el cómo se la piensa y se la explica. Ocurre, pues, que las palabras que la expresan son tan importantes como las materias duras que las forman.”

Bodegón con Teclado

Las ciudades de Calvino son fruto de humores y reflexiones porque, a fin de cuentas, constituyen una bitácora de su viaje imaginario a través del deseo humano por la ciudad como deseo de una vida apacible y ordenada.

Lilliana Ramos Collado

Tengo que comenzar por lo más importante: la ciudad vive de su propia complejidad, de su imparable transformación. Se eleva sobre la destrucción y el desgaste paulatinos de la ciudad misma, pero esta destrucción es el signo de su propia pervivencia: sometida a las necesidades individuales y colectivas de sus habitantes y de la relación dialógica entre ciudad y entorno, la ciudad vive del cambio, y se manifiesta, más que como un lugar, como un proceso interminable de ajustes y reconsideraciones, de planificaciones e improvisaciones. Podría decirse, a fin de cuentas, que, más que un espacio, la ciudad es un espacio-tiempo, una coyuntura donde se vive el tiempo marcado…

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